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Agricultura urbana, ¿qué es y por qué cada vez oímos hablar más de ella?

¿Te imaginas poder cultivar verduras con las que poder alimentarte? Si te sobraran incluso podrías venderlas a la puerta de tu casa. Parece una idea chocante, pero si te paras a pensar cada vez son más comunes los términos huertos urbanos, huertos escolares… La agricultura urbana se está haciendo cada vez más popular y estos son algunos de los motivos.

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La agricultura urbana se puede definir como el cultivo de plantas y la cría de animales dentro y alrededor de las ciudades. Comprende no sólo el cultivo de alimentos vegetales: verduras, frutas o plantas aromática, sino también la cría de animales: gallinas, patos, etc. Asimismo engloba otras actividades paralelas, complementarias o consecuentes como servicios veterinarios, logística, etc. 

En general, los productos obtenidos a través de la agricultura urbana tienen como objetivo el autoconsumo. Sin embargo, comienzan a oírse cada vez más voces que auguran un desarrollo exponencial de este tipo de agricultura: en tamaño, en organización y en potencial social y económico para las ciudades. 

Organizaciones como la ONU o la FAO reconocen cada vez más la importancia de la agricultura urbana por su capacidad de proporcionar alimentos frescos en espacios hasta ahora poco habituales. El previsible aumento de la población mundial necesita de nuevos recursos y de la generación y recuperación de espacios donde poder generar los alimentos necesarios. 

Paralelamente, la agricultura urbana es apreciada por su potencial para generar empleo, por su capacidad para reciclar residuos urbanos (en especial los orgánicos) y por la creación de cinturones verdes que fortalecen la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático.

En los enclaves más desfavorecidos la agricultura urbana está asociada a estrategias que ayudan a reducir la pobreza urbana y a asegurar los consumos alimentarios. En los países desarrollados, por el contrario, se asocia más a procesos de transformación ecológica de las ciudades o a la forma de reutilización de los residuos que generamos (por ejemplo, el compost). 

Huertos en los techos de edificios, en parterres entre edificios, en zonas verdes, en jardines privados, en centros educativos o de ocio, cultivos sin suelo, etc… Existen multitud de ejemplos de agricultura urbana que, pese a lo que se pudiese pensar, no tiene en la contaminación uno de sus mayores hándicaps.  

De hecho, el investigador Joan Riveradevall explicaba en un reciente encuentro sobre economía circular celebrado en Pamplona que su equipo ha trabajado en diferentes proyectos para valorar “la fertilidad” de las ciudades y que una de las variables que se estudió fue la contaminación a la que se sometían lechugas cultivadas en zonas críticas por el tránsito de coches, llegando a la conclusión de que la concentración de metales pesados no alcanzaba ni el 1% máximo permitido por la legislación europea.

Con todo, no se puede minimizar la posible contaminación de los alimentos en entornos urbanos: bien por la contaminación de los suelos, bien por las prácticas de manejo o por los sistemas de tratamiento de plagas. Tanto promotores como consumidores están trabajando para que los riesgos sean mínimos.

Los huertos urbanos se comienzan a considerar una estrategia más de mejora ambiental de las ciudades por lo que pueden suponer de autosuficiencia y de mejora de los flujos de recursos y de los espacios urbanos. No obstante, como destacan en la Fundación Ruaf el desarrollo de la agricultura urbana requiere de una exhaustiva planificación en la que deben participar diversas partes interesadas: agricultura, salud, gestión de residuos, desarrollo comunitario, parques, gestión de la naturaleza, etc.  “La agricultura urbana tiene el potencial de convertirse en un sector económico dinámico que se adapta rápidamente a las cambiantes condiciones y demandas urbanas, intensificando su productividad y diversificando sus funciones. Pero la política gubernamental debe crear las condiciones marco adecuadas para el desarrollo óptimo, al tiempo que reduzca los efectos negativos sobre la salud pública y el medio ambiente que algunos tipos de agricultura urbana pueden tener si se administran de manera inadecuada o no están bien ubicados”, aclaran desde Ruaf.

¿Conoces alguna práctica interesante de agricultura urbana de la que nos podamos hacer eco? Cuéntanosla. 

Imagen: Anaya Katlego. Unsplash

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