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Molino de San Andrés (Villava): Cómo decorar y crear ambientes agradables con materiales reciclados

Con la llegada de la primavera la Mancomunidad ha reforzado su oferta de actividades de ocio y sensibilización medioambiental, una programación activa a lo largo del año pero que en estos meses alcanza su mayor intensidad, principalmente en sus centros de interpretación. El Molino de San Andrés, en Villava, acoge gran parte de esas actividades programadas, muchas de ellas en su bar y su terraza, lugares que este año se convierten en ejemplo de reciclaje y de cómo dar una segunda vida a los objetos.

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“¿Algún consejo de ahorro doméstico? — ¡cuéntanoslo! — saca una foto y súbela al Facebook” Esta es la leyenda que se lee en uno de los espejos que cuelgan de la pared del bar del Molino de San Andrés de Villava. No parece nuevo y le da un carácter retro a la estancia. Los responsables de la barra invitan a sus clientes a escribir con tizas sus comentarios y, tal y como se explica en la leyenda, a que las compartan en redes sociales, principalmente en la página de Facebook de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona.

No es el único espejo que hay. Otro parecido ocupa otra pared, y una veintena de cuadros más pequeños le acompaña. Su disposición crea el efecto de “hogar”, de espacio vestido y completo. En ellos se ven motivos naturales relacionados con el agua, con los árboles, con el río… En todos menos en uno. Se trata de un cuadro en el que no aparece ninguna imagen, sólo un aviso: “Todos los muebles están a la venta. Pregúntanos y te pondremos en contacto con Traperos de Emaús”.

La madera de aspecto envejecido y natural recubre toda la barra del bar. Las sillas y las mesas que ocupan el bar son todas antiguas y diferentes entre sí. Las telas de sus tapizados son coloridas, cálidas y de variadas texturas: raso, terciopelo…  El conjunto invita a estar, a disfrutar.

Las lámparas parecen piezas de museo, y su luz amarilla, tenue, agradable, envuelven al cliente en un ambiente que parece salido de las páginas de un libro de los años cincuenta.

Se oyen ruidos en la sala contigua. Allí se está proyectando un vídeo acerca del camino de Santiago y los visitantes se sientan en un sofá biplaza y dos orejeros; también antiguos; también acogedores.

El gran ventanal que da al jardín se abre. La temperatura del exterior es agradable e invita a salir. Grandes telas colgadas entre árboles mitigan los azotes de un sol que quiere imponerse después de su letargo invernal. En la zona chill out los cojines de colores rompen la blancura de la madera pintada de los palés que se han convertido en un original conjunto de mobiliario de asientos y mesas. A partir de junio, la música en directo será el complemento perfecto para la mejor velada.

El amarillo, azul, verde y marrón inundan la manco-zona. Son los colores corporativos de la Mancomunidad y con ellos se ha pintado el metal de las viejas sillas y mesas de terraza. Sobre los tableros de las mesas se han colocado vinilos con diferentes motivos: mapa de paseos, ilustraciones y leyendas con temáticas medioambientales.

Justo al lado, una pequeña caseta alberga distintos mundos e historias. Se trata de una mesilla de noche reciclada convertida en bookbox, punto oficial de intercambio de Bookcrossing.

El murmullo del río sirve de hilo musical, mientras el olor a pan recién horneado recuerda que en el interior del Molino se está desarrollando un taller de pan.

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