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Renaturalizar los patios escolares no es decorar

Durante mucho tiempo hemos intentado proteger a la infancia separándola de la tierra y creando lugares asépticos. Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos si, al eliminar de su entorno casi toda forma de vida microscópica, no estamos eliminando también una parte esencial de su relación con el mundo natural.

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Los patios escolares, parques y zonas de juego no son simples espacios vacíos entre edificios. Pueden convertirse en pequeñas infraestructuras verdes capaces de favorecer la biodiversidad, el aprendizaje, el bienestar y, quizá, también la salud.

En un estudio realizado en Finlandia, y publicado en la revista científica Science Advances en octubre de 2020,  se colocó a niños en entornos de juego con tierra de bosque real en lugar de superficies artificiales. El objetivo era sencillo: aumentar la exposición diaria a la biodiversidad natural.

En un año, se observaron cambios medibles: mejores marcadores inmunitarios, una mayor diversidad de bacterias en la piel y respuestas inmunitarias generales más fuertes en comparación con los niños en entornos urbanos convencionales.

¿Por qué?

Porque el contacto con microbios naturales ayuda a entrenar el sistema inmunitario, reduciendo las reacciones exageradas relacionadas con alergias e inflamación.

Y es que, aunque a menudo asociamos las bacterias con enfermedades, la inmensa mayoría de los microorganismos con los que convivimos no son nuestros enemigos. En la piel, el intestino y otras partes del cuerpo habitan comunidades formadas por bacterias, hongos y otros seres microscópicos. Es lo que conocemos como microbiota.

Esta comunidad participa en procesos tan importantes como la digestión, la protección frente a algunos organismos perjudiciales o la comunicación con el sistema inmunitario. Especialmente durante la infancia, el contacto con una variedad adecuada de microorganismos ayuda a que nuestras defensas aprendan a distinguir entre una amenaza real y aquello que no debería provocar una reacción desproporcionada.

Dicho de una forma sencilla: el sistema inmunitario necesita aprender cuándo debe activar la alarma, pero también cuándo tiene que apagarla.

Esto desafía la creencia común de que lo más limpio siempre es mejor. La exposición controlada a la naturaleza podría ser uno de los elementos que faltan en los entornos infantiles modernos.

Por eso, renaturalizar los patios  escolares cobra especial relevancia. Pero, ojo, naturalizar no es decorar.

Renaturalizar no consiste únicamente en colocar dos macetas junto a una pared. Supone devolver al espacio algunas de las funciones de un ecosistema: suelo vivo, vegetación variada, rincones donde observar, materiales que puedan tocarse y zonas donde el juego no esté completamente separado de la tierra.

Esta transformación puede aportar beneficios educativos, favorecer la actividad física, estimular la curiosidad y ayudar a comprender que las personas formamos parte de la naturaleza. El estudio finlandés añade ahora otra posibilidad: que estos lugares también contribuyan a enriquecer nuestra microbiota y a entrenar los mecanismos reguladores del sistema inmunitario.

Eso sí, tampoco sería sostenible extraer suelo de los bosques para extenderlo masivamente por todas las escuelas. Los propios autores recuerdan que el suelo forestal se renueva lentamente y es un recurso limitado. Las futuras soluciones deberán utilizar materiales de procedencia responsable, sustratos locales seguros o mezclas especialmente desarrolladas para aumentar la diversidad microbiana sin dañar los ecosistemas naturales.

Durante demasiado tiempo hemos intentado proteger a la infancia separándola de la tierra. Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos si, al eliminar de su entorno casi toda forma de vida microscópica, no estamos eliminando también una parte esencial de su relación con el mundo natural.

Porque la naturaleza no termina en la puerta de casa ni en la valla de la escuela. También continúa sobre nuestra piel y dentro de nuestro organismo.

Si quieres saber más sobre salud y medioambiente:

¿Nuestra salud depende de la biodiversidad que nos rodea?

«Hemos perdido mucho tiempo en no ligar los temas medioambientales con la salud humana”

SOS: síndrome de déficit de la naturaleza al acecho

Fuente principal: Roslund et al., “Biodiversity intervention enhances immune regulation and health-associated commensal microbiota among daycare children”, publicado en Science Advances en 2020.

 

 

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