Que dos jóvenes promotores se pongan de acuerdo para cumplir un sueño, siempre es una buena noticia. Que ese proyecto vele por el cuidado y el respeto al medio ambiente, es, además, para aplaudir. Este es el caso de Agotzenea, un proyecto que nace de la necesidad “de crear nuestros propios puestos de trabajo, vinculados a un tema que nos apasionaba y ubicados en nuestro valle”. O dicho de otro modo, bioconstrucción, agricultura orgánica, ecología y gestión forestal, junto a una oferta formativa, todo en uno.

En ocasiones la convivencia entre turistas y modos de vida rurales es problemática. Litigios porque los gallos cantan o las campanas rompen el silencio de la noche se repiten. Ahora, el parlamento francés ha aprobado una ley que vela por el patrimonio sensorial rural y que fija que tanto olores como sonidos son inherentes a los pueblos, del mismo modo que lo son sus paisajes.

La bioconstrucción es un término que hace referencia a un modo de entender la arquitectura. Aprovechar al máximo la energía solar, utilizar materiales naturales y locales, garantizar el aislamiento térmico y la ventilación son los criterios que se siguen a la hora de levantar unas construcciones que, al llegar al final de su ciclo vital, se integran de nuevo en la naturaleza sin causar daño alguno.
Iñaki Urkia, uno de los claros exponentes de esta arquitectura, nos acerca a las casas de paja.

Los parques fluviales y otros parajes naturales son testigos del aluvión de caminantes que, bastón en mano, disfrutan de largas marchas en contacto íntimo con la naturaleza. En grupo o en solitario estas personas practican un deporte que nos llega del norte de Europa, fácil de aprender, adecuado para cualquier edad y que aporta grandes beneficios tanto físicos como emocionales.

Siempre la hemos sentido pero últimamente la necesidad de reconectar con la naturaleza se hace más imperiosa, incluso desde el propio asfalto. El artista italiano Marco Ranieri convierte la experiencia de la naturaleza en arte, a través de la participación, observación y divulgación. Cataloga las plantas capaces de nacer en grietas y ruinas de edificios antiguos y genera o renueva una vinculación empática entre personas y lugares. “Creo que la belleza de lo pequeño, lo fragmentado, lo impermanente, se puede ver como metáfora de nuestra propia vida”.

El shinrin-yoku (baño de bosque en japonés) es una práctica que consiste en pasear por el bosque de una forma meditativa y pausada. El concepto está inspirado en el sintoísmo y en el budismo, que veneran los espíritus de la naturaleza y por lo tanto consideran los bosques como el reino de lo divino. En los tiempos que corren, parece que esa necesidad de conectar con la naturaleza se agudiza.

La ONU pide para el Día Mundial de las Ciudades 2020 que nos tomemos un tiempo para la reflexión acerca del valor de nuestras comunidades y urbes. Así se refleja bajo el lema de este año: “Mejor ciudad, mejor vida”. Y es que el impacto de la covid-19 nos ha hecho ver los espacios verdes en la ciudad como algo más de mero adorno.

Los paseos por espacios naturales facilitan la oxigenación, activan el metabolismo, agudizan los sentidos, mitigan el calor ambiental y facilitan huir de entornos ruidosos como los urbanos. Por estas y por otras razones paisajísticas os animamos a recorrer el paseo botánico de los Depósitos de Mendillorri.

Salinas de Arteta

¿Sabíais que la sal está considerada como uno de los alimentos más completos creados por la naturaleza?, ¿y que se puede extraer o bien del agua del mar o bien de manantiales de interior? Hemos visitado las Salinas de Arteta en Navarra, un ejemplo de salera, que como muchas otras a lo largo de la Península Ibérica se han recuperado por su valor cultural y donde podemos conocer historias curiosas entorno a la sal.

¿Sabías que en el Monte Ezkaba podemos encontrar 34 especies diferentes de orquídeas: algunas con forma de hombres ahorcados, otras que imitan a las abejas hembras, otras que atraen a la mariposas de la noche, etc.? No son las únicas curiosidades de un espacio natural que hoy visitamos virtualmente de la mano de Oscar Pérez Andueza, un ingeniero que conoce la flora de Ezkaba al detalle.