HightLand Titles

En un rincón de las Tierras Altas de Escocia, las Highlands, existe una reserva natural que se dedica a recuperar la flora y fauna autóctona. Se financia gracias a las aportaciones de todo el mundo. La iniciativa consiste en vender parcelas-souvenir de carácter hereditario, que se pueden visitar y donde se puede acampar o plantar un árbol. Quien las compra adquiere el título de lord o lady.

Urbanitas y medioambiente necesitan encontrar un equilibrio para convivir en armonía. We Love Cities (amamos las ciudades) es un concurso que tiene como objetivo concienciar sobre la necesidad de crear urbes más sostenibles por medio de la participación ciudadana. Esa concienciación no llega sólo a la ciudadanía sino también al ámbito político al que se exige tomar medidas y acometer acciones.

En Pozuelo de Alarcón (Madrid) existe un lugar con vocación educativa en el que, además de sanar las plantas (e ingresarlas si era necesario), se enseña a la ciudadanía a cómo cuidarlas para evitar que vuelvan a enfermar. Además, cuenta con una UVI, donde los casos más difíciles reciben cuidados especializados, además de una Guardería de Plantas, donde los vecinos y vecinas pueden dejar en buenas manos sus ejemplares durante las vacaciones.

Los restos de una demolición convertidos en un nuevo espacio; escombros convertidos en bancos, camisas de segunda mano utilizadas como uniforme, leña de poda alimentando el sistema de calefacción… Todo esto no sólo son buenas ideas, sino la filosofía de una empresa y de un proyecto: Mo de Movimiento.

Cables que recorren tallos de plantas, elementos artificiales insertados en la base natural de las plantas, monitorización constante de las condiciones medioambientales… Todo esto ya no forma parte de la ciencia ficción sino de la realidad que nos rodea. Hablamos de los jardines ciborg.

Que dos jóvenes promotores se pongan de acuerdo para cumplir un sueño, siempre es una buena noticia. Que ese proyecto vele por el cuidado y el respeto al medio ambiente, es, además, para aplaudir. Este es el caso de Agotzenea, un proyecto que nace de la necesidad “de crear nuestros propios puestos de trabajo, vinculados a un tema que nos apasionaba y ubicados en nuestro valle”. O dicho de otro modo, bioconstrucción, agricultura orgánica, ecología y gestión forestal, junto a una oferta formativa, todo en uno.

En ocasiones la convivencia entre turistas y modos de vida rurales es problemática. Litigios porque los gallos cantan o las campanas rompen el silencio de la noche se repiten. Ahora, el parlamento francés ha aprobado una ley que vela por el patrimonio sensorial rural y que fija que tanto olores como sonidos son inherentes a los pueblos, del mismo modo que lo son sus paisajes.

La bioconstrucción es un término que hace referencia a un modo de entender la arquitectura. Aprovechar al máximo la energía solar, utilizar materiales naturales y locales, garantizar el aislamiento térmico y la ventilación son los criterios que se siguen a la hora de levantar unas construcciones que, al llegar al final de su ciclo vital, se integran de nuevo en la naturaleza sin causar daño alguno.
Iñaki Urkia, uno de los claros exponentes de esta arquitectura, nos acerca a las casas de paja.

Los parques fluviales y otros parajes naturales son testigos del aluvión de caminantes que, bastón en mano, disfrutan de largas marchas en contacto íntimo con la naturaleza. En grupo o en solitario estas personas practican un deporte que nos llega del norte de Europa, fácil de aprender, adecuado para cualquier edad y que aporta grandes beneficios tanto físicos como emocionales.

Siempre la hemos sentido pero últimamente la necesidad de reconectar con la naturaleza se hace más imperiosa, incluso desde el propio asfalto. El artista italiano Marco Ranieri convierte la experiencia de la naturaleza en arte, a través de la participación, observación y divulgación. Cataloga las plantas capaces de nacer en grietas y ruinas de edificios antiguos y genera o renueva una vinculación empática entre personas y lugares. “Creo que la belleza de lo pequeño, lo fragmentado, lo impermanente, se puede ver como metáfora de nuestra propia vida”.