Los libros no duran eternamente en las estanterías ni de librerías ni de editoriales. Pasan a estar descatalogados y al temido procedimiento de expurgo, o lo que es lo mismo, a la selección de aquellos ejemplares que están abocados a la retirada o incluso a la destrucción. “Libros libres” salva a varios de esos ejemplares del olvido y los convierte en pequeñas esculturas. De esta manera, sus historias, personajes y paisajes recobran vida, llegan al público y los envuelven de la magia inherente a la literatura y al arte en general.

Vik Muniz es un artista que recicla, reutiliza, repiensa y reinterpreta. Toma de referencia obras icónicas que están en el imaginario popular y las rehace con técnicas y materiales muy particulares. Recoge imágenes fácilmente reconocibles y las reinterpreta dándoles un valor que antes no tenían. Y después fotografía esas nuevas obras para destruirlas finalmente y para que se quede la fotografía como único testigo de aquel trabajo. Su obra estará expuesta en el Museo de la Universidad de Navarra hasta el mes de marzo de 2021.

Separamos desde hace más de veinte años envases, papel y vidrio. Desde algo menos los residuos orgánicos y resto de residuos domésticos. Cada vez somos más conscientes de que el consumo desmesurado no es bueno para el planeta y, sin embargo, las tasas de reciclaje tienen todavía un amplio margen de mejora. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar?

El plástico ha vuelto a nuestras compras y en consecuencia a nuestras vidas y entorno en una medida que muchas voces consideran ya preocupante. Como consumidores, ¿podemos hacer algo?

Desde hace ya unos años, las empresas fabricantes de envases, así como aquellas que los utilizan para proteger sus productos, buscan el envase sostenible definitivo. Para ello trabajan principalmente en dos ámbitos: en la utilización de materiales de origen biológico, frente a los tradicionales fósiles; y en la biodegradación, como forma de gestión de los residuos que generan los recipientes.

La producción del aluminio tiene un gran gasto medioambiental. Además, aunque el material es infinitamente reciclable, su recogida y reutilización a veces son complicadas, por lo que se recomienda la reducción de su uso, sobre todo en el envoltorio de alimentos.