Unai Elizasu es el gerente de una empresa que ofrece paseos en canoa por el Urumea. Pero su labor va más allá. Comprometido con el medio ambiente, invita a sus clientes a limpiar el río a lo largo de sus paseos, organiza otras actividades de limpieza y cuenta historias de un río que ha moldeado la fisonomía de la ciudad, está presente en su identidad, y ha conocido a muchas gentes y circunstancias desde tiempos que se pierden en el olvido.

Una revista de barrio de Pamplona ha propuesto una iniciativa para que su vecindario recicle agua y se la dé a beber a los árboles urbanos. Pero el objetivo va mucho más allá. Según Roberto Carmona, uno de los precursores de la idea, “lo importante de esta iniciativa, es la concienciación medioambiental y la necesidad de ahorro de agua. Sin olvidar que también nos parece importante crear un vínculo entre la ciudadanía y los árboles, y mostrar sus beneficios para los seres humanos”.

Hasta ahora, desde octubre hasta mayo se acumulaba el máximo de agua posible en el embalse de Eugi para después atender a la demanda estival de la Comarca de Pamplona, la mayor del año. Pero el cambio climático está provocando que la distribución de las lluvias a lo largo del año esté variando y que, por eso, nos enfrentemos a un futuro incierto que exige nuevos controles y medidas.

Controles y analíticas semanales, estrecho seguimiento de la presencia de algas en el agua, análisis diarios del agua prepotable y medidas de la temperatura. El embalse de Eugi está en constante observación y estudio para garantizar la calidad del agua suministrada a la Comarca de Pamplona.

El 1 de junio de 2016 un equipo de especialistas de la Universidad de La Coruña sumergió un vehículo subacuático en las aguas de Eugi para realizar una cartografía batimétrica (relieve de la superficie subacuática), cálculos morfométricos (tamaño y forma del embalse) y obtener otros datos. Gracias a aquel estudio hoy sabemos las dimensiones reales del embalse y que, desde su creación, la capacidad de almacenamiento no ha disminuido

Desde que en 1971 se pusiera en funcionamiento y en 1973 se inaugurara oficialmente, el embalse de Eugi da de beber a Pamplona y a la Comarca a lo largo de todo el año. Por eso están prohibidas la navegación (con y sin motor), los baños y la pesca. Su volumen de agua depende principalmente de las precipitaciones y el control de calidad que se realiza es exhaustivo. Tiene interés faunístico y turístico.

La construcción del Embalse de Eugi y su entrada en funcionamiento en 1971 fue determinante para el desarrollo demográfico, urbano e industrial de Pamplona y Comarca. Hoy por hoy, proporciona más del 40% del agua que se consume en la Comarca de Pamplona.

Java, la isla más poblada del mundo, ve cómo su superficie está desapareciendo bajo el mar. El ascenso del nivel del mar, debido al calentamiento global, es una de las razones que explica este hundimiento. La actividad del ser humano, otra.

El Ganges es tercer río del mundo que vierte más agua dulce al mar, después del Amazonas y el Congo. Y también es uno de los más contaminados. A diario deposita en el mar vertidos de cientos de fábricas y millones de litros de agua residuales que cada día siguen vertiéndose sin tratar, además de toneladas de plástico procedentes de envoltorios, papel film, sobres monodosis, etc. Y todo ello a pesar de ser un país con una tasa de reciclaje del 60%.

El agua puede ser dulce o salada, tener sabor a tierra o a cloro; etc. Estos son algunos de los sabores que puede tener ese líquido al que siempre nos hemos referido como insípido, inodoro e incoloro. Sabores que responden a los compuestos naturales que provienen del mismo origen del agua (embalse o manantial) o a otros que se le añaden para su desinfección, como el cloro. Sólo un paladar educado puede percibirlos en las catas de agua.