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Comunidades de cielo oscuro

Los cielos oscuros son aquellos que permiten la observación perfecta de las estrellas. Se podría pensar que estos son sólo de especial interés para los profesionales o para los aficionados a la astronomía. Sin embargo, contar con un cielo oscuro debería ser un bien para todos los seres humanos. Se trata de un patrimonio natural intangible que por desgracia cada vez se da menos, pero por el que cada vez más organizaciones e incluso comunidades se preocupan por mantener y o conseguir.

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Martinborough es una ciudad neozelandesa que goza de una riqueza natural privilegiada. Sus tierras son enormemente fértiles y sus cielos, sobretodo nocturnos, gozan de una “salud envidiable”. Sin embargo, el año pasado, una propuesta de cambio de las farolas que dan luz nocturna a la zona, provocó un aluvión de críticas y un movimiento social en contra del mismo.

Se pensaba cambiar las tradicionales farolas de vapor de sodio que iluminaban calles y carreteras por otras con luces LED blanca con una temperatura de color de 4.000 Kelvins.

Una ciudadanía o una comunidad no iniciada en el tema probablemente no repararía en los efectos de este nuevo tipo de luz más allá de la mayor o menor luminosidad que estas proporcionan en comparación con las anteriores. Sin embargo, en Martinborough cuentan con una sociedad perfectamente conocedora de los efectos de este tipo de luz más blanca, brillante y emisora de un considerable resplandor, que se levantó en contra de la medida ya que afectaría no sólo a las vistas claras del cielo nocturno sino que dañaría a la vida silvestre local.

Gracias a una campaña de concienciación que brindó a la sociedad una base de conocimiento vital, a un consejo del distrito y a unos gobernantes dispuestos a aceptar las recomendaciones que les hacía la Asociación Internacional de Cielo Oscuro (IDA), se consiguió que las farolas de LED no superasen los 3.000 Kelvins, “potencia suficiente para atender de manera segura y efectiva las necesidades de las comunidades municipales,” y que la luz se emitiese hacia abajo, evitando así una contaminación lumínica que habría sido difícil de revertir.

Martinborough. Foto: Mark Gee

Es sólo un ejemplo de los más de cien que se dan en todo el mundo y a los que ya se les reconoce como “comunidades del cielo oscuro”.

Pincha aquí para saber si vives cerca de una comunidad de cielo oscuro.

Las comunidades de cielo oscuro, para la Asociación Internacional del Cielo Oscuro (IDA), pueden ser ciudades o territorios que se preocupan por defender un cielo nocturno sin contaminación lumínica y el derecho a observar las estrellas a través de ordenanzas municipales y labores de concienciación social sobre la importancia de los cielos oscuros, como el caso neozelandés del que acabamos de hablar.

También pueden ser parques privados o públicos que implementan buena iluminación exterior y brindan programas de cielo oscuro para los visitantes. Por último, las reservas naturales, santuarios o lugares más remotos (y a menudo los más oscuros) del mundo cuyo estado de conservación es más frágil también serían considerados comunidades de cielo oscuro.

Por otra parte, Islas Canarias, Hawaii, el norte de Chile y la Sierra de San Pedro Mártir en Baja California, México, por sus condiciones geográficas y climáticas se consideran paraísos oscuros y transparentes. Son espacios donde instituciones y universidades han decidido colocar lo último en tecnología para escrudiñar los secretos del cosmos.

Se trata de preservar un bien con un valor incalculable para la ciencia, la educación, la cultura, el turismo y la calidad de vida; en todo caso, es un patrimonio en peligro, como reconocía en 2007 la Fundación Starlight en la que colaboraba la UNESCO y la IAU.

Existe mucha literatura acerca de la necesidad de preservar “el lado oscuro” de nuestro entorno, pero os dejamos con un revelador y fundamentado artículo de un profesor del CSIC, Juan J. Negro, en el que detalla los efectos de la contaminación lumínica sobre la biodiversidad y la salud humana.

Fuentes: http://darksky.org

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