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Hacia una cultura deportiva sostenible

Primavera y verano son estaciones propicias para la realización de eventos deportivos al aire libre, en plena naturaleza o en espacios públicos. Son muchos los que se celebran en esta época del año y los que generan un gran volumen de residuos que hay que gestionar.

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Botellines de agua, envases de alimentos, plásticos, papeles, residuos sin separar… La lista de elementos que habitualmente quedan abandonados por los espacios por donde ha pasado o se ha desarrollado una prueba deportiva es larga y más si los organizadores no revisan el recorrido una vez finalizada la actividad.

Navarra está a punto de poner fin a estas situaciones tan comunes con la publicación del próximo “Reglamento de eventos y residuos” que recogerá los requerimientos que se exigirán a partir de ahora a cualquier evento público, con especial hincapié en aquellos patrocinados, organizados o subvencionados por organismos públicos. 

Durante la redacción de este reglamento, como nos confirman desde la Oficina de Prevención de Residuos del Gobierno de Navarra, se han realizado tres pruebas piloto en tres citas deportivas diferentes: la carrera de montaña EHME Mendi Erronka y las dos marchas de cicloturismo BTT Ibaigorri y la Irati Xtrem. En ellas se pusieron en prácticas pequeñas medidas para evitar el consumo de agua embotellada e impedir evitar la generación de 25.000 vasos de plástico. 

Por ejemplo, el agua o las bebidas isotónicas se sirvieron a partir de grandes garrafas o en “tabernas de agua” donde los y las participantes pudieron rellenar sus cantimploras. La experiencia fue muy positiva, por lo que no es difícil suponer que a partir de ahora será más habitual observar esta práctica en otras pruebas. Lo mismo ocurre con otras medidas que se han tomado y que se prevé que en un futuro próximo estén muy extendidas: campañas de comunicación para evitar que las personas asistentes tiren nada al suelo y, sobre todo, protejan los entornos naturales o públicos por donde pasan; avituallamientos de productos a granel; menaje reutilizable; la instalación específica de contenedores señalizados y diferenciados para cada tipo de residuo y, finalmente, medidas para ajustar las cantidades de comida. 

La Guía de buenas prácticas ambientales para eventos deportivos publicada en 2011 identificaba ya entonces diez posibles áreas de intervención y 123 acciones posibles. 

Los eventos deportivos suelen tener una doble conexión con el medio ambiente. Por un lado, la práctica de muchos de ellos depende de las condiciones y recursos ambientales; y por otro, la práctica deportiva es la causante de impactos de mayor o menor calado sobre el entorno natural. 

Ya en 1996, el Comité Olímpico Español señaló la importancia de incluir el desarrollo sostenible en los reglamentos y estatutos de las entidades deportivas e instaba a las organizaciones de eventos a tomar medidas de buenas prácticas ambientales. Desde entonces son muchos los acontecimientos deportivos que nos muestran que la sostenibilidad ambiental es una línea estratégica a seguir. Sin ir más lejos, el respeto al entorno es la tercera dimensión del olimpismo, junto al deporte y la cultura, y uno de los criterios de evaluación para decidir dónde se realizan los juegos olímpicos.

Lo importante a la hora de diseñar un evento deportivo sostenible es centrarse en medidas que la organización sepa que podrá llevar a cabo con garantía de éxito entre participantes y público. Conseguir su colaboración es algo esencial ya que la responsabilidad de comprobar que no queden residuos una vez finalizada la actividad no debe recaer sólo en el lado de la organización, sino también en el de las personas que participan.

Imagen: Paul GreenUnsplash

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