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“La nueva Cultura de la Luz apuesta por reducir la luz por la noche pero, por desgracia, no es la tendencia”

Entrevista a Fernando Jáuregui, Astrofísico del Planetario de pamplona y Miembro de la Red Española de Estudios de contaminación lumínica

La luz artificial ha sido y continuará siendo, un signo de bienestar y un elemento imprescindible para nuestras sociedades pero su uso indiscriminado tiene asociados importantes costes medioambientales, económicos, paisajísticos, culturales y para la salud humana, que deben ser tenidos en cuenta a la hora de diseñar e instalar sistemas de iluminación que permitan hacer un uso inteligente de la luz.

La iluminación de poblaciones, vías de comunicación y otras instalaciones con luz artificial provoca en el cielo un resplandor luminoso que deteriora la calidad del cielo para los observatorios astronómicos y afecta directamente a la salud humana, a la flora y fauna. Es la contaminación lumínica. 

En Ecoblogmcp hemos hablado con Fernando Jáuregui, Astrofísico del Planetario de Pamplona y miembro de la Red Española de Estudios de Contaminación Lumínica. 

– ¿La contaminación lumínica es un problema medioambiental que afecta a la flora y fauna e incluso a la salud humana?

La contaminación lumínica altera el estado de oscuridad natural de la noche. El ciclo día/noche produce de forma natural una variación de la cantidad de luz en el ambiente con la que la vida ha evolucionado en este planeta desde hace más de 3.000 millones de años. Todas las especies han adaptado su ciclo vital a ese ciclo diurno de luz/oscuridad, convirtiéndose en uno de los principales ciclos naturales. 

La iluminación nocturna está alterando los patrones de comportamiento de muchas especies y está empezando a verse las consecuencias en el organismo humano. 

La investigación de los efectos causados por el uso (y abuso) de la luz artificial durante la noche es fundamental para conocer sus consecuencias, pero estos estudios son relativamente recientes y, aunque todavía no se pueden enviar mensajes tan contundentes como con otros hábitos o productos (tabaquismo, amianto, etc.) lo cierto es que hay evidencias de afecciones importantes que sugieren que hay que adoptar una cierta precaución en el uso de la luz artificial durante las horas nocturnas.

Imagen nocturna en Pamplona. Fuente: Red Española de Contaminación Lumínica

– ¿A qué se refieren esos estudios que afectan a las personas?

La luz artificial que se usa durante la noche en el interior de nuestros hogares afecta a nuestro organismo más que muchas de las luminarias exteriores. Un hogar muy iluminado, junto con el uso de dispositivos como móviles, tabletas o televisores cada vez más luminosos, indican a nuestro organismo que todavía no es de noche, inhibiendo los procesos biológicos propios de las horas nocturnas que proporcionan el descanso diario.

A partir de cierto momento de la noche, incluso si apagamos las luces ya no se pondrán en marcha estos procesos hormonales y nuestro organismo no descansará adecuadamente. Estos procesos se han estudiado especialmente en trabajadores que siguen turnos rotatorios y se ha concluido que el trabajo a turnos es un factor de riesgo para contraer ciertos tipos de cáncer, y tiene influencia en otras enfermedades. Como he comentado antes, los estudios que correlacionan luz y enfermedades son todavía no concluyentes, pero se han observado ciertas tendencias que indican que es prudente limitar nuestra exposición a la luz durante las horas nocturnas, especialmente a luz con presencia de longitudes de onda cortas (azul).

– ¿Qué nos recomendaría?

Es importante hacer saber a todos que durante la noche hay que usar la mínima intensidad de luz posible y que ésta, además, ha de ser cálida (TCC <= 2700K), evitando las lámparas que emiten luz blanca fría. Los dispositivos electrónicos han de llevar instalados de serie filtros horarios para la luz de sus pantallas, de forma que a partir de cierta hora, su intensidad máxima disminuya y dejen de emitir luz por debajo de una cierta longitud de onda (luz azul).

La nueva cultura de la luz, tanto en el interior de nuestros domicilios, como en el exterior, ha de promover una iluminación activa en este sentido: menos cantidad de luz por la noche y solamente luces cálidas. Por desgracia, no es ésta la tendencia que se observa.

– Sin embargo lo que ocurre en el ámbito doméstico, no es contaminación lumínica no?

Si hablamos de la luz que producimos nosotros, creo que es más correcto hablar de un uso adecuado o inadecuado de la luz en casa.  

Sí podemos hablar de contaminación lumínica en nuestro hogar si recibimos luz del exterior que afecta nuestras costumbres. Veamos unos ejemplos: si por culpa de las farolas tenemos que bajar la persiana para poder dormir estaremos sufriendo contaminación lumínica. Si la farola de la calle nos deslumbra y su luz nos molesta dentro de casa de forma que tenemos que taparla con cortinas o persianas, estaremos sufriendo contaminación lumínica. Si nos asomamos al balcón o a la ventana y alguna farola nos deslumbra o nos ilumina, también estaremos sufriendo contaminación lumínica. Éstos son solo tres ejemplos que yo he sufrido personalmente, al igual que la mayoría de la gente (especialmente los que viven en pisos bajos).

– Los grandes afectados por esta contaminación lumínica somos los países desarrollados. En el mapa de España brilla Madrid, Barcelona y el litoral mediterráneo. Así es. Mucha gente piensa que “cuanto más luz, mejor”, pero lo cierto es que no siempre se ve mejor con más luz. La iluminación excesiva de espacios nocturnos supone un gasto enorme de recursos energéticos y económicos, que no está justificado por su necesidad e idoneidad. Iluminar de más es más caro, más contaminante y más perjudicial para el medio ambiente y para nuestra salud.

Fotografía obtenida desde la Estación Espacial Internacional (ISS040-E-081320, 26-7-2014).

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