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Limpieza ecológica en el hogar

Declutering (o terminar con el caos, el desorden y la suciedad), limpieza doméstica como terapia, métodos para el orden… Estos son solo algunos ejemplos de ideologías y nuevas técnicas que ponen el orden y limpieza como elementos principales para mejorar nuestra calidad de vida y evitar enfermedades. Sin embargo, poco o nada estaremos haciendo si a la hora de ponerlos en práctica en nuestros hogares echamos mano de los productos químicos habituales.

El agua, jabón neutro, vinagre, zumo de cítricos y el bicarbonato pueden servir para limpiar e higienizar un hogar. Elementos sencillos y comunes que están volviendo a los hogares de las personas que buscan desterrar de sus armarios productos químicos poco respetuosos con el entorno natural y a veces, poco saludables. 

Como apunta en su blog Ally Vispo, una conocida activista medioambiental e influencer, “la obsesión por desinfectar la casa como si tuviéramos el virus de la malaria viviendo en ella, es totalmente innecesaria”.

Como ella, son cada vez más las personas que prefieren agua, vinagre y jabón suave para limpiar superficies y cristales, cambiando además las bayetas por periódicos o por esparto. También las que, para enfrentarse a manchas más difíciles como cal incrustada o grasa, prefieren utilizar bicarbonato mezclado con vinagre y zumo de limón o esencias naturales. Elementos básicos que permiten además retirar muchos envases potencialmente peligrosos de nuestros armarios, eligiendo la sencillez como forma de vida. 

En este punto no podemos olvidar aquella costumbre de limpiar las superficies de acero con ginebra o de hacer el jabón con los restos de grasas animales o vegetales, sosa cáustica y agua. ¿A quién no le han aclarado alguna vez el pelo con vinagre de sidra para darle más suavidad y brillo? ¿Quién no ha limpiado o ha visto limpiar los cristales de las chimeneas con agua, ceniza y un periódico? Todas ellas eran prácticas habituales hasta hace poco tiempo y que en la actualidad están recobrando protagonismo.

Entre los beneficios que puede aportar el uso de este tipo de productos destacan, como las más importantes, el ahorro tanto de dinero como de espacio en los armarios, sin olvidarnos de la contribución al medio ambiente, evitando desaguar productos potencialmente dañinos.

En la web del colectivo anglosajón Sustainable Collective puedes encontrar sencillos trucos, como los dos que proponemos de muestra, para limpiar y desinfectar el hogar, así como para la higiene personal. 

Limpiador con infusión de lavanda + romero (consejo de Stacy Sullivan)

Pon en un frasco o bote de cristal flores de lavanda, unas ramitas de romero y dos tazas de vinagre. Agítalo bien y séllalo con la tapa. Déjalo reposar durante una o dos semanas. Pasado ese tiempo, habrá que diluir la mezcla con agua a partes iguales . Algunas personas prefieren utilizar agua destilada, pero si no tienes acceso a ella, el agua corriente tiene el mismo efecto para obtener un estupendo producto listo para limpiar, preferiblemente, superficies no porosas. 

Acondicionador para el cabello

El vinagre de manzana es un buen producto para mantener saludable el cabello y el cuero cabelludo, dejarlo brillante y aprovecharse de sus propiedades antiinflamatorias y restauradoras del pH natural. Para su formulación sólo se necesitan entre dos y cuatro cucharadas de vinagre de manzana disueltas en dos tazas de agua destilada, a la que se puede añadir una gota de cada aceite esencial de lavanda y árbol de té. Una vez agitada la mezcla hay que verterla sobre las raíces capilares y dejar que el enjuague empape todo el cabello. Se deja reposar unos minutos y, finalmente, se puede aclarar de nuevo o secar. 

Si con todo, te resulta complicado poner en práctica algunos de nuestros consejos, la plataforma española “Comunidad por el clima” nos da algunas indicaciones para hacer un uso responsable de los productos de limpieza tradicionales. 

1. Usar siempre la mínima cantidad de producto. 

2. Leer atentamente la etiqueta y atender a las recomendaciones de uso.

3. Nunca mezclar productos (lejía y amoníaco, lejía y desinfectante WC, etc.), pues se puede correr riesgo de intoxicación.

4. Usar detergentes sin fosfatos y biodegradables al menos en un 90 %. No obstante, hay que ser consciente de que el 10% restante sigue siendo perjudicial para el medio ambiente. 

5. No utilizar aerosoles con propelentes (gas que sirve para expulsar el líquido de un aerosol)que afecten a la capa de ozono.

6. Adquirir productos con envases reciclables.

7. Antes de comprar, preguntarse si el producto que buscamos en realmente necesario.

Imagen: Nefeli Kavvada en Unsplash

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