El desierto de Atacama (Chile) es uno de los más áridos del mundo. Sin embargo, en las zonas cercanas al mar es habitual que se formen camanchacas o densas neblinas donde se acumulan infinidad de gotas de agua demasiado pequeñas como para precipitar.
Precisamente fue en este lugar donde el científico Carlos Espinosa se preguntó cómo se podría extraer agua de la niebla, a finales de la década de 1950.
No fue el primero, ya que en varias regiones áridas del mundo, las poblaciones indígenas observaron durante siglos cómo la humedad del aire se depositaba de forma natural sobre rocas, hojas, redes vegetales o construcciones. A partir de esa observación, adaptaron prácticas para favorecer la recolección de gotas de agua:
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- – En la costa del actual Chile y Perú, existen evidencias arqueológicas de pueblos precolombinos que aprovechaban la camanchaca mediante alineaciones de piedras, muros o vegetación que facilitaban la condensación.
- – En zonas andinas y mesoamericanas, se orientaban cultivos y terrazas para captar la humedad de la niebla nocturna.
- – En las Islas Canarias, antes de la colonización, los guanches ya conocían el papel del monteverde y de ciertos árboles (como el tilo o el laurel) en la “lluvia horizontal”, es decir, el goteo producido por la condensación de la niebla.
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Carlos Espinosa era conocedor de estas prácticas antiguas y comenzó a experimentar hasta que en los años setenta presentó el atrapanieblas, un invento para captar el agua contenida en los bancos de niebla, que donó a la Universidad Católica del Norte en Antofagasta y que la UNESCO difundió gratuitamente.
Su viabilidad pronto quedó demostrada. En la comunidad costera chilena de Tofo- Chungungo, donde sólo llegaba el agua una vez a la semana en un camión cisterna, se instaló un centenar de atrapanieblas y durante casi diez años las noventa casas del pueblo pudieron abastecerse de agua. Después llegó la desaladora.

Fuente: Wikipedia
Es cierto que el atrapanieblas no es un sistema de recolección capaz de abastecer grandes núcleos de población, pero su contribución puede ser esencial en comunidades rurales hídricamente tensionadas.
En resumen, extraer agua de la niebla no es ciencia ficción: es una técnica sencilla, ingeniosa y cada vez más importante frente a la escasez hídrica.
La clave está en ofrecer a la niebla una superficie donde pueda chocar, sus gotas puedan unirse y así crecer hasta convertirse en gotas más grandes que puedan recogerse.
La estructura del atrapanieblas es muy simple. Suele consistir en mallas verticales tensadas entre postes. Cuando el viento empuja la niebla contra la malla, las microgotas quedan atrapadas en las fibras, se condensan y se deslizan hacia abajo por gravedad.
En la parte inferior de la malla se coloca un canal o canaleta que recoge el agua y la conduce hasta un depósito. El proceso es completamente pasivo: no requiere electricidad, productos químicos ni mantenimiento complejo. Solo necesita niebla, viento y una buena orientación.
En condiciones favorables, un solo atrapanieblas puede recolectar decenas de litros de agua al día, suficiente para abastecer a varias personas o para riego agrícola.
Esta técnica se utiliza sobre todo en zonas costeras áridas y montañosas, donde la niebla es frecuente pero la lluvia escasa. Países como Chile, Perú, Marruecos o las Islas Canarias han desarrollado proyectos exitosos que suministran agua potable a comunidades rurales, escuelas y cultivos.
Extraer agua de la niebla es un ejemplo de cómo la tecnología apropiada puede ofrecer soluciones sostenibles a problemas globales. Aprovecha un recurso invisible, no contamina y puede marcar la diferencia en regiones donde cada gota cuenta.
A veces, el agua no cae del cielo… simplemente pasa flotando delante de nosotros.
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Conocimiento tradicional e indígena al servicio de la ingeniería ecológica












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