Caminantes de todas las edades se acercan a la vera del río Irati con zapato cómodo, auriculares y smartphone, preparados para dejarse engatusar, durante 90 minutos, por voces y acordes musicales que hablan de otros tiempos. Voces de vecinos y vecinas de Aoiz que comparten recuerdos sobre el río, al tiempo que van describiendo la vegetación del entorno.
Se trata del proyecto “Caminar Aoiz – Agoitz ibilian”, liderado por Laida Azkona y Txalo Toloza.
El pasillo principal del colegio San Francisco de Pamplona se ha transformado en un jardín suspendido. Un “jardín colgante” compuesto por 1.400 hojas únicas que convierten el recorrido diario del alumnado en una invitación a mirar de otra manera y a combatir la ceguera verde. Porque, aunque convivimos constantemente con las plantas, muchas veces nos pasan desapercibidas.
Virginia Santos Itoiz ha sido la autora del proyecto y LABEA – Laboratorio de arte, ciencia y naturaleza, el impulsor de la iniciativa.
Los cascos antiguos de las ciudades, en general, están llenos de casas, calles estrechas, asfalto y muy poco verde. Por eso, en Pamplona, LABEA – Laboratorio de arte, ciencia y naturaleza, dentro de su programa Plantadanía ha propuesto una exposición y un concurso que invitan a visibilizar la labor de las maestras balconeras, esas mujeres (en su mayoría) que, desde lo cotidiano y doméstico, han contribuido y contribuyen a la naturalización de los barrios.












