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Conocimiento tradicional e indígena al servicio de la ingeniería ecológica

Dependemos del agua para sobrevivir como especie, pero nuestro planeta tiene sed. Durante mucho tiempo, el mundo ha recurrido a la infraestructura construida para mejorar la gestión de los recursos hídricos y ha olvidado el conocimiento tradicional e indígena, que adopta enfoques más ecológicos. Sin embargo, ahora, la ingeniería ecológica va ganando adeptos.

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El agua es un bien escaso imprescindible para vivir. De hecho, el ser humano siempre se ha preocupado de su abastecimiento y ha ideado distintas soluciones para su almacenamiento y consecución. Sin embargo, durante mucho tiempo se ha recurrido a la infraestructura construida para mejorar la gestión de los recursos hídricos y se ha olvidado el conocimiento tradicional e indígena, que adopta enfoques más ecológicos. Ahora la ingeniería ecológica va ganando adeptos y recobrando el protagonismo que un día perdió.

En la conferencia internacional “Prácticas ancestrales en el uso productivo del agua” celebrada en Quito (Ecuador), a principios de marzo, se hizo un repaso de algunas prácticas y estructuras ancestrales de gestión de agua, algunas de ellas aún en uso.

Las albarradas, por ejemplo, eran ciénagas erigidas de forma artificial. Su finalidad era suministrar agua al ganado y a la comunidad, así como servir de humedales para la siembra. Su utilización era habitual en la Sudamérica de la época precolombina. En el área de Valdivia (Chile) se han localizado los vestigios más antiguos que datan de hace 4.000 años.

Imagen de una Amuna, en el Perú andino. Fuente: http://aquafondo.org.pe/

 

Por otra parte, en la Alpujarra de Granada (España) y las Amunas, en el Perú andino, se han encontrado similitudes entre acuíferos de carga inducida. Se trata de un sistema de acequias cuya finalidad era conducir y redirigir el agua de deshielo desde distintas alturas para aprovechar, de manera estacional, su flujo y evitar la erosión del suelo.

Los tajamares, finalmente, eran piscinas de lluvia que estaban en altura y que servían para recargar vertientes, aumentar la producción de huertas e impedir la evaporación del agua. Su utilización en Sudamérica estaba muy extendida en tiempo anterior a la llegada de los españoles y su uso aún es habitual. Recientemente fueron reconocidas por la Unesco como sitio demostrativo eco-hidrológico.

Abastecimientos actuales

Todo este conocimiento tradicional e indígena, que adoptaba enfoques ecológicos a la hora de obtener agua, quedó durante un tiempo relegado a un segundo plano ante la irrupción de infraestructuras construidas y recursos de laboratorio. Pero los nuevos tiempos parecen volver a la práctica de buscar las soluciones en la propia naturaleza. Es lo que ha pasado a llamarse uso de infraestructuras “verdes” que apuestan por la ingeniería ecológica que respeta los ecosistemas. En la actualidad tiene muchas aplicaciones.

Por ejemplo, en el terreno agrícola el desarrollo de sistemas de irrigación “verdes” más eficaces permite disminuir la presión sobre la tierra, reducir la polución, y limitar la erosión de los suelos. A escala mundial, se estima que la producción agrícola podría aumentar casi un 20% utilizando prácticas más ecológicas de gestión del agua.

La regeneración de suelos y bosques también pasa por estos remedios ecológicos. El estado de Rajastán (India), creó estructuras para recolectar el agua y regenerar parte de los suelos y los bosques de la región después de la gran sequía de 1986. Como consecuencia, la extensión forestal aumentó en más de 30%, el nivel de los manantiales subterráneos subió varios metros y la productividad de las tierras cultivables mejoró.

Estas soluciones “verdes” son también extrapolables al ámbito urbano. Los ejemplos más visibles las tenemos en fachadas vegetales y tejados ajardinados. Pero hay otras, como crear estanques naturales de retención del agua. Así, el municipio de Nueva York, se ha convertido, desde 1990, en la ciudad de Estados Unidos que dispone de la mayor fuente de agua no filtrada.

Como la demanda de agua continúa aumentando, China inició un proyecto bautizado “Ciudades esponja”. El objetivo es reciclar 70% del agua de lluvia mediante suelos más permeables y dispositivos de colecta, almacenamiento y purificación del agua.

Las zonas húmedas, por su parte, actúan como barreras y esponjas naturales que capturan el agua de lluvia, lo que limita la erosión del suelo y el impacto de ciertas catástrofes naturales, como las inundaciones.  Algunos países ya están actuando en consecuencia. Tras el tsunami que azotó sus costas en 2010, Chile anunció medidas para proteger las zonas húmedas que bordean las zonas costeras del país. Tras el huracán Katrina que afectó a Estados Unidos en 2005, el estado de Luisiana comenzó a combatir la degradación de las zonas húmedas del delta del Misisipi, cuyo mal estado tuvo mucho que ver con la amplitud de la catástrofe causada por el huracán.

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