Las aguas del acuífero de Arteta, situado en las entrañas de la Sierra de Andía dan de beber a Pamplona desde 1895. Dificultades técnicas, trabas administrativas, tensiones políticas, etc. no consiguieron dar al traste a un proyecto que pretendía conducir las aguas a corporaciones, sociedades, industrias y particulares que a finales del siglo XIX aumentaban rápidamente en número.

El agua es un bien escaso imprescindible para vivir. De hecho, el ser humano siempre se ha preocupado de su abastecimiento y ha ideado distintas soluciones para su almacenamiento y consecución. Después de un tiempo en el que el conocimiento tradicional ha estado relegado a un segundo plano, parece que ahora recupera de nuevo el protagonismo y que la ingeniería “verde” se abre camino con paso firme.