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Los residuos hablan de nuestra historia

Para alguien que es profesional de la arqueología, un vertedero, un pozo ciego o cualquier otro lugar que haya servido para depositar los residuos es una fuente del saber. Y es que los residuos hablan de costumbres, de comercios, de tendencias, de gastronomía, de cultura… Nicolás Zuazúa, responsable de los trabajos arqueológicos desarrollados en el convento de las Salesas de Pamplona, nos habla de los hallazgos extraídos de esos basureros.

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“Hemos disfrutado estudiando los residuos de nuestros antepasados”. Estas son palabras del arqueólogo Nicolás Zuazúa, trabajador de la empresa Gabinete Trama, responsable de las catas arqueológicas realizadas en el antiguo convento de las Salesas de Pamplona y futura sede de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona.

Situado en pleno casco histórico de la ciudad, en el ángulo sureste del Burgo de San Cernin y anexo a la muralla medieval, el solar ocupa una superficie de 2.800 m2. A lo largo de su historia ha albergado la antigua casa de la aduana (antiguo edificio público para control de tributos que pasaran por la ciudad), la tabacalera, el palacio de los Armendáriz, además de viviendas particulares. Pero su subsuelo escondía pequeñas joyas que han salido ahora a la luz. Desde una necrópilis de la ciudad romana altoimperial, hasta la traza urbana de un barrio artesanal medieval, pasando por un gran número de pozos ciegos.

Son, precisamente estos pozos, los que han servido para conocer el día a día de las gentes de un tiempo en el que los residuos se enterraban en ellos “porque no había un camión de la basura que se los llevara”, explica Zuazúa. Con unas profundidades de incluso 5 ó 6 metros, han permitido llegar a unos niveles arqueológicos idóneos para conocer la evolución de la sociedad y, sobre todo, de su utillaje doméstico, a lo largo de la historia.

Así, se han encontrado varios platos “la mayoría hondos, lo que nos da pistas sobre una dieta de cuchara, basada en gachas o potajes”; vasijas de barro “algunas de basto y otras cuidadosamente trabajadas”; piezas de porcelana “no china, pero sí fina, que indica el gusto refinado de la época y un comercio amplio con ciudades españolas y francesas, ya que hemos encontrado piezas de Talavera, Alcora o Pas de Calais (Francia), en el caso de la cerámica de construcción”; jícaras para tomar el chocolate; vasos de vidrio “elegantemente adornados con motivos florales o con la imagen de la Real Granja de San Ildefonso”, y una gran variedad de utensilios domésticos “como las pipas de caolín, que eran de un solo uso. Los residuos nos hablan de la vida. Además, en este caso hemos tenido la suerte de encontrar varias piezas enteras, y en perfecto estado, algo muy poco habitual en esta clase de intervenciones”.

Otro aspecto muy interesante de estas excavaciones ha sido el hallazgo de gran número de pepitas y de restos vegetales en algunos de los pozos en los que se ha alcanzado el nivel freático. En algunos de ellos se localizaron grandes cantidades de pepitas de uva y de cerezas en muy buen estado de conservación. “Puede parecer un resto poco importante –explica Zuazúa-, pero las muestras, especialmente de las pepitas de uva, se mandarán al CSIC, ya que se está haciendo un estudio a nivel europeo de genética de las variantes de vid antiguas, y muestras de este tipo tan abundantes y tan bien conservadas son escasas. Por eso pensamos que pueden aportar muchísima información sobre las variedades de uva que existieron, y su distribución”.

En línea con esto, el equipo de arqueología también considera muy interesante el estudio de los restos de huesos hallados “que nos hablan de la alimentación (desde animales domésticos a salvajes, espinas de peces, etc.”.

No es la primera vez que Nicolás Zuazúa y su equipo escarba entre las basuras de la historia. “Lo cierto es que a veces nos hemos dado de bruces con grandes zonas de vertederos urbanos de diferentes épocas. Por ejemplo, en la construcción del aparcamiento de la avenida Roncesvalles de Pamplona se excavó un tramo muy amplio del foso que rodeaba al Castillo de Santiago. Este castillo, al construirse la ciudadela, perdió su utilidad, por lo que se desmanteló.  Su enorme foso se convirtió entonces en el vertedero de la ciudad durante los siglos XVII y XIX. Allí, conforme el foso se iba colmatando, se fueron acumulando varios metros de residuos por capas, entre los que encontramos una enorme cantidad de restos de cerámica, fauna y objetos de todo tipo.

Otro vertedero que encontramos fue el que apareció durante las excavaciones de la plaza Compañía, también de Pamplona. En este caso databa de época romana y de él extrajimos una gran cantidad de cerámica de la época.

Entre los antiguos burgos de la ciudad, por otra parte, los residuos que encontramos abarcaban un amplio periodo de tiempo que iba desde época medieval hasta el siglo XVI. El caso de la calle Nueva, por ejemplo, fue muy interesante, porque  la documentación de la época corroboraba lo que las excavaciones estaban sacando a la luz. Y es que los habitantes del Burgo de San Cernin interpusieron pleitos contra los de San Nicolás, acusándoles de arrojar sus inmundicias desde las ventanas al foso del burgo vecino, con los consiguientes problemas de malos olores, salubridad y colmatación del foso”.

Está claro que para alguien que es profesional de la arqueología, un vertedero, un pozo ciego o cualquier otro lugar que haya servido para depositar los residuos es una fuente del saber. Y es que los residuos hablan de costumbres, de comercios, de tendencias, de gastronomía, de cultura… ¡Gracias Nicolás por compartir estos descubrimientos!

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