Abrimos una caja que acaba de llegar a casa. Dentro encontramos papel arrugado, varias bolsas de aire, una segunda caja más pequeña y, por fin, el producto. ¿Era necesario tanto envoltorio? ¿Y qué ocurre con todos esos materiales después de unos pocos minutos de uso?
Preguntas como estas están detrás del Reglamento (UE) 2025/40 sobre los envases y residuos de envases, que comenzó a aplicarse, con carácter general, el 12 de agosto de 2026. La norma cambia el enfoque que Europa había mantenido hasta ahora: ya no se trata únicamente de recoger y reciclar mejor los envases, sino de reducir los residuos.
Porque es cierto que los envases protegen los productos, facilitan su transporte y pueden evitar que los alimentos se estropeen. Pero su presencia se ha multiplicado hasta convertirse en uno de los principales flujos de residuos de Europa.
Aproximadamente el 40 % del plástico y la mitad del papel utilizado en la Unión Europea se destinan a fabricar envases, que representan alrededor del 36 % de los residuos sólidos urbanos. Es decir, reducirlos puede tener un efecto importante sobre el consumo de materias primas, el transporte, las emisiones y la cantidad de basura que debe gestionarse.
Hasta ahora, la legislación europea sobre envases se articulaba principalmente mediante una directiva que cada Estado debía trasladar a su propia normativa. Sin embargo, el nuevo texto, con carácter de reglamento, resulta directamente aplicable en todos los países de la Unión.
Eso no significa que todos los cambios hayan aparecido de golpe el 12 de agosto de 2026. La norma establece un calendario progresivo con obligaciones que entrarán en funcionamiento en 2027, 2028, 2029, 2030 y años posteriores. También habrá actos técnicos de la Comisión Europea que concretarán algunos métodos de cálculo, etiquetas y criterios de reciclabilidad.
Los Estados deberán disminuir la cantidad de residuos de envases generados por habitante, tomando como referencia 2018: al menos un 5 % para 2030, un 10 % para 2035 y un 15 % para 2040. Para conseguirlo, no bastará con pedir a la ciudadanía que consuma de otra manera. Los fabricantes tendrán que reducir el peso y el volumen de los envases al mínimo necesario para que sigan cumpliendo su función.
Para determinados envases colectivos, de transporte y de comercio electrónico, la proporción de espacio vacío no podrá superar el 50 %, una obligación que empezará a aplicarse a partir de 2030, una vez se hayan aprobado las reglas técnicas correspondientes. Las almohadillas de aire, el plástico de burbujas o los rellenos de papel se computarán como espacio vacío.
El objetivo final puede resumirse en una idea sencilla: que en Europa circulen menos envases, que contengan menos material virgen y que, una vez utilizados, puedan reutilizarse o reciclarse de verdad.
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Cambios en la legislación europea para combatir el greenwashing
Fuentes oficiales consultadas: Reglamento (UE) 2025/40, información de la Comisión Europea y resumen jurídico de EUR-Lex.












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