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RECICLAJE Y EDUCACIÓN AMBIENTAL por José Luis Gallego

La apuesta por la educación ambiental que vienen realizando muchos educadores y centros de enseñanza de nuestro país es digna de elogio. Ausente del currículo de la ESO, solo la apuesta decidida de algunas comunidades como Andalucía, Navarra, Cataluña o el País Vasco, está permitiendo el avance de esta importante área educativa que ya se ha consolidado en muchos países de nuestro entorno.

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Si como dice el profesor Eudald Carbonell (Dtor. científico de los yacimientos de Atapuerca) lo que nos hace humanos es la transmisión de la cultura y la técnica, formar a los niños en el respeto al medio ambiente y dotarlos del conocimiento necesario para que puedan contribuir a su mejora es una de las mejores apuestas que podemos hacer para que la humanidad avance.

Pero la educación ambiental no se puede concebir de manera aislada, como cualquier otra materia, ni mucho menos como una asignatura del ciclo de ciencias. La cuestión no es que los chicos memoricen conceptos relacionados con la sostenibilidad o la ecología sino que, a través de un discurso que debe ser transversal, puedan ir adquiriendo con naturalidad una conciencia ambiental que de paso a un cambio de valores. Y una de las mejores apuestas educativas en ese sentido es la de las actividades escolares relacionadas con el fomento del reciclaje.

La integración del reciclaje no como tarea, no como una nueva carga para profesores y alumnos, sino como valor formativo. Porque aprendiendo a reciclar en la escuela nuestros jóvenes están adquiriendo algo más que instrucción: les estamos transmitiendo unos nuevos hábitos de relación con el entorno, y ahí puede estar la clave que haga posible el necesario cambio de actitud generacional respecto al medio ambiente.

Los chavales llegan a casa con la lección aprendida, están orgullosos de esa conciencia adquirida y lo tienen muy claro: el planeta es su amigo, y reciclar es echarle una mano a un amigo. Por eso no permiten que nadie mezcle sus residuos ni se equivoque al separarlos: “papá, que eso va al azul, no al amarillo”. A través de ese gesto, que a nosotros nos puede parecer banal e incluso exagerado, se está visualizando algo mucho más importante: un cambio de valores.

Las próximas generaciones tendrán un carácter que les vendrá marcado por los tiempos que nos toca vivir, tiempos de incertidumbre en lo económico y lo social, pero si logramos mantener todo lo que hemos avanzado en el respeto al medio ambiente, en buena parte gracias a la enseñanza del reciclaje en las escuelas, estaremos yendo un paso más allá de la simple valorización de residuos.

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