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Urumea, el río de aguas limpias

Unai Elizasu es el gerente de una empresa que ofrece paseos en canoa por el Urumea. Pero su labor va más allá. Comprometido con el medio ambiente, invita a sus clientes a limpiar el río a lo largo de sus paseos, organiza otras actividades de limpieza y cuenta historias de un río que ha moldeado la fisonomía de la ciudad, está presente en su identidad, y ha conocido a muchas gentes y circunstancias desde tiempos que se pierden en el olvido.

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Unai Elizasu comenzó a remar cuando tenía 14 años. Las primeras paladas las dio en el Urumea (Donostia-San Sebastián) y desde el primer momento se quedó prendado de la magia del río.

En 2010 una idea le martilleó la cabeza. ¿Cómo era posible que en un río como aquel nadie ofreciera la posibilidad de conocerlo desde dentro? Y se puso manos a la obra.

En la ciudad en la que el mes de septiembre se dan cita las traineras más galardonadas de la temporada estival para hacerse con el mayor premio, la bandera de la Kontxa, Unai decidió acercar a quien quisiera la opción de remar a modo de ocio, lejos de la competición, simplemente por pura diversión.

Así nació Arrauning, una empresa que organiza salidas en canoa por el río, además de alquilar pedalós o preparar actividades a medida, como las de la limpieza del río, una constante en su día a día.

No hay un calendario fijo para estas limpiezas. “No, no tenemos fechas concretas para limpiar el río. Limpiamos en todas nuestras salidas. Y, aparte, nos adecuamos a las necesidades del momento: mareas vivas, lluvia, acumulación de residuos, crecidas, etc.

También organizamos actividades escolares. Planteamos la acción como un juego, como una «búsqueda del tesoro». Porque, al fin y al cabo, los residuos son tesoros que no pertenecen al agua. Muchas veces, no sacamos nada y eso también, es un ejercicio muy interesante, porque los txikis creen que el río está sucio y luego se dan cuenta de que no lo está”.

En Donostia había un dicho popular: “cómo huele el Urumea, cuando baja la marea”. Es cierto que de un tiempo a esta parte las labores de limpieza han contribuido a empujar al olvido ese dicho. “El río ahora está bastante limpio. Se está acercando al significado de su nombre: Ur-mehea, agua fina, agua transparente, cristalina. Pero aún queda mucho por hacer. Si contáramos con el apoyo municipal para realizar una limpieza profesional, saliendo al agua una vez por semana, podríamos mantenerlo mucho más limpio”.

Que los barrios de Loiola y Riberas de Loiola se hayan convertido en lugares de moda que miran al río ha contribuido a que se le lave la cara al Urumea. Aunque Unai es muy crítico con las nuevas construcciones. “Hay gente que se queja de que tiene humedades en casa. ¡Pero si viven en Riberas! Eso es no entender el río”.

También lo es con las medidas que se han tomado para evitar, o al menos minimizar, los efectos de la crecida del río. “En algunos lugares se le ha dado espacio en los márgenes, pero en otros simplemente se ha construido un muro enorme que impide, a quienes vivimos el río desde dentro, poder observar lo que nos rodea. Creo que hoy en día se mira mucho al Urumea, pero no desde el Urumea. Y para poder cuidar algo hay que conocerlo. Sólo cuando se conoce se ama y se cuida. Ese es nuestro objetivo, poder trasmitir a la gente nuestro amor por el Urumea desde dentro”.

Y a juzgar por la reacción de su clientela, Unai cumple su objetivo. Clientes que mientras remontan el río escuchan sus explicaciones acerca de la historia de Donostia, de la transformación de la zona, etc., a la vuelta recogen todos los residuos que ven. “La verdad es que se emplean a fondo”.

Dice que entre los residuos encontrados hay de todo: lavadoras, hornos, motos, esquíes, bicicletas, carros de compra, multas, revisiones médicas, libros, camas, armarios, ruedas, piolets, arneses, muñecos, etc. “A menudo, si eso que sacamos está bien, lo reutilizamos”.

Entre los residuos más curiosos encontrados está una carta de amor escrita en 1965. Estaba intacta y se podía leer claramente su contenido. La encontraron unos días después de mareas vivas. El agua habría alcanzado algún lugar no habitual para ella y había arrastrado el folio. Cuando Unai lo encontró en el trascurso de una limpieza del río, lo recogió “simplemente porque era papel y porque era un residuo”. Pero cuando en el encabezado vio “Madrid, 15 de abril de 1965” se dio cuenta de que era algo especial. La madrileña Regina escribía a su amado Fermín, donostiarra. “Es una carta de amor de esas que se escribían antes, y no como ahora que se lo dicen todo por whatsapp. Lo más bonito fue poder contactar con la pareja y poder entregarles la carta. Están felizmente casados y viven en Donosti”.

Esa es una de las muchas historias que esconde un río con mucha historia que ahora Unai recorre en canoa y cuida con mimo.

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