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Bosques Miyawaki transformadores de ciudades

El botánico japonés Akira Miyawaki estudió los llamados bosques potenciales, aquellos que crecerían de forma natural en un territorio si la actividad humana dejara de intervenir. A partir de esa idea desarrolló un sistema para recrear esas comunidades vegetales utilizando exclusivamente especies autóctonas. Son los bosques Miyawaki, una técnica de restauración ecológica que está cambiando la forma de introducir naturaleza en las ciudades.

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Si alguien nos pidiera imaginar un bosque, probablemente pensaríamos en una gran extensión de árboles centenarios, senderos y naturaleza casi salvaje. Sin embargo, ¿y si nos dijeran que un bosque puede crecer en una parcela del tamaño de una pista de pádel, desarrollarse en apenas tres años y convertirse en un refugio para aves, insectos y pequeños mamíferos?

Aunque parezca sorprendente, eso es precisamente lo que proponen los bosques Miyawaki, una técnica de restauración ecológica que está cambiando la forma de introducir naturaleza en las ciudades de todo el mundo.

Más que una moda paisajística, estos pequeños bosques representan una nueva manera de entender el espacio urbano: no como un lugar donde la naturaleza es un simple elemento decorativo, sino como una infraestructura capaz de mejorar el clima, la biodiversidad y la calidad de vida.

El método recibe su nombre del botánico japonés Akira Miyawaki (1928-2021), especialista en ecología vegetal y restauración de ecosistemas.

Durante décadas estudió los llamados bosques potenciales, aquellos que crecerían de forma natural en un territorio si la actividad humana dejara de intervenir. A partir de esa idea desarrolló un sistema para recrear esas comunidades vegetales utilizando exclusivamente especies autóctonas.

Su propuesta rompía con muchos de los criterios tradicionales de jardinería urbana. En lugar de plantar árboles separados entre sí y rodeados de césped, proponía crear comunidades densas y diversas, similares a las que aparecen espontáneamente en un bosque joven.

La competencia entre las plantas favorece un crecimiento muy rápido y, al mismo tiempo, genera un ecosistema mucho más complejo y resistente.

Aunque cada proyecto se adapta al lugar donde se desarrolla, todos siguen una serie de principios comunes.

El primero consiste en estudiar qué especies forman parte del bosque natural de esa zona. Después se prepara el suelo incorporando materia orgánica para mejorar su estructura y favorecer la infiltración del agua.

A continuación, se plantan numerosas especies autóctonas mezcladas entre sí, normalmente entre tres y cinco plantas por metro cuadrado, una densidad muy superior a la utilizada en parques convencionales.

Finalmente se cubre el terreno con una capa de acolchado vegetal que ayuda a conservar la humedad y limita el crecimiento de hierbas competidoras.

Durante los dos o tres primeros años el bosque necesita riego y cierto mantenimiento, pero una vez consolidado evoluciona prácticamente de forma autónoma.

Diversos estudios indican que estos bosques pueden crecer hasta diez veces más rápido que una plantación convencional y alcanzar una elevada complejidad ecológica en apenas dos o tres décadas, un proceso que de forma natural podría requerir más de un siglo.

Aunque no sustituyen a un bosque maduro, sí permiten recuperar funciones ecológicas en un plazo relativamente corto.

La elevada densidad vegetal ayuda a reducir la temperatura del entorno durante el verano, proporciona sombra, mejora la infiltración del agua de lluvia y reduce parte del ruido urbano.

También captura dióxido de carbono y partículas en suspensión, contribuyendo a mejorar la calidad del aire.

Pero quizá su mayor valor sea otro: crean hábitats para multitud de especies.

En pocos años comienzan a aparecer insectos polinizadores, aves, hongos y pequeños vertebrados que encuentran alimento y refugio en un espacio donde antes apenas existía biodiversidad.

En una ciudad, incluso un bosque de unos pocos cientos de metros cuadrados puede convertirse en un importante punto de conexión ecológica.

Lo que comenzó como una técnica de restauración forestal en Japón se ha extendido durante las últimas décadas por numerosos países.

Sin embargo, profesionales especialistas recuerdan que el método Miyawaki funciona en espacios reducidos y urbanos, donde el objetivo principal es recuperar biodiversidad y mejorar el microclima. Pero que no resulta adecuado para restaurar grandes superficies forestales o ecosistemas muy alterados.

Además, su éxito depende de un aspecto fundamental: utilizar especies realmente autóctonas y adaptadas al clima y al suelo del lugar.

En definitiva, en un momento en que las ciudades buscan adaptarse al cambio climático, reducir las islas de calor y recuperar biodiversidad, los bosques Miyawaki representan una solución sencilla y eficaz.

Aunque siguen siendo necesarias otras actuaciones como las cubiertas vegetales, los jardines de lluvia, los corredores ecológicos o las calles arboladas.

Si quieres conocer más prácticas para conservar bosques:

El Daisugi la técnica japonesa para producir madera sin talar árboles

Trasmoche:La madera que se convertía en barcos y carbón

 

Fuentes

  • Miyawaki, A. (1999). Creative Ecology: Restoration of Native Forests by Native Trees. Plant Biotechnology.
  • Schirone, B., Salis, A. & Vessella, F. (2011). Effectiveness of the Miyawaki Method in Mediterranean ecosystems. Landscape and Ecological Engineering.
  • Urban Forestry & Urban Greening (Elsevier): diversos trabajos sobre bosques urbanos y restauración ecológica.

 

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