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Desmontando fake news sobre residuos

En esta era de la información, la desinformación es una gran enfermedad. En ocasiones es difícil discernir entre lo cierto y lo falso y eso resta tiempo y energía a lo realmente importante que es hacer llegar un mensaje claro y conciso a la ciudadanía. En el caso que nos ocupa lo que se pretende transmitir es que lo que hemos hecho hasta ahora ya no sirve, por lo que debemos cambiar de hábitos y mentalidad. Los residuos no tienen por qué ser un desecho, sino que pueden ser un recurso, pero para que esto sea posible, es imprescindible la colaboración de toda la ciudadanía. Porque hacerlo bien nos une y nos beneficia, del mismo modo que beneficia a un planeta al que seguimos castigando con emisiones evitables.

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Desde que la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona comenzara en octubre de 2021 la implantación de un nuevo sistema de apertura electrónica de contenedores de materia orgánica y resto, hasta la actualidad, se ha pasado de un 14% a un 44% de materia orgánica recogida.

Aunque la mejora es sustancial, las cifras aún están lejos los objetivos establecidos por las leyes europeas y forales. El Plan Integral de Residuos de Navarra, por ejemplo, ha fijado para el 2027 el objetivo del 70%. Por su parte, la directiva europea, incorporada a la Ley de Residuos en España, establece que en el año 2035 solo podrá verterse el 10% de los residuos generados, ya que estos son una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

No obstante, la entidad no ceja en su empeño y continua con la campaña de información y de ampliación de la implantación que, además de los buenos resultados en orgánica, ofrecen también cifras positivas en la recogida de fracciones como las de envases, papel y cartón.

Sin embargo, en este camino en el que hay que concienciar a la ciudadanía para que cambie hábitos y mentalidades, nos encontramos con mensajes contradictorios que no facilita la labor ni de una parte ni de la otra. Las fake news proliferan y, en ocasiones, es difícil distinguir entre lo real y lo falso.

Una de las más extendidas es que la nueva tarjeta electrónica que se emplea para abrir los contenedores supone una intromisión en la intimidad y la privacidad de la ciudadanía.  La tarjeta está asociada al domicilio (ni personas, ni teléfonos, ni ningún otro dato), por lo que no es posible relacionar los datos de aperturas con personas físicas. De hecho, la Mancomunidad los compara directamente con los extraídos de la factura de agua, de electricidad o de gas que, a pesar de ser mucho más detallados, nunca se utilizan para cuestiones distintas a la de la gestión.

Tampoco es cierto que con el nuevo sistema se pueda saber el tipo de residuos que genera cada persona o familia, ya que las tarjetas solo registran el número de aperturas de los contenedores de orgánica y resto. Ni que de momento se vaya a multar a quien no abra los contenedores.

Las nuevas tarjetas también son objeto de noticias falsas referidas al posible problema de insalubridad que pudiera generar su uso a la persona usuaria que se ve obliga a tocar el contenedor. La Mancomunidad recuerda que se han incorporado pedales de apertura a todos los contenedores a los que se les ha instalado la cerradura. De esta forma, quienes usan la tarjeta únicamente tienen que presionar un botón para activar el sistema. Nada distinto a lo que debe hacerse en un ascensor, en un timbre, en la puerta de un portal o en los semáforos que permiten solicitar el cruce de la calle.

Además, se ha creado un APP (“SIGMA MCP”) que permite abrir el contenedor de forma remota. En este caso no es necesario tocar el botón de activación ni ningún otro elemento de la cerradura.

“El nuevo sistema se ha elegido sin atender a criterios técnicos”. Esta información ha llegado a la calle cuando, en realidad, la Mancomunidad encargó estudios para conocer los diferentes sistemas de recogida más exitosos y observó las experiencias de ciudades como Amberes, Liubliana, Brescia e Imola que cuentan con sistemas como el que ahora se está implantando en la Comarca y que ofrecen buenos resultados.

“El nuevo sistema ha obligado a comprar muchos contenedores nuevos con el consiguiente perjuicio económico y ambiental que ello supone”. Esta es otra fake que se ha extendido contradiciendo una realidad en la que el nuevo sistema ha reconvertido todos los contenedores existentes, salvo los que necesitaban una sustitución por haber llegado al final de su vida útil. Esos últimos son los que se han retirado y se han enviado a un recuperador para que recicle el plástico.

Y como estos, hay muchos comentarios más, comentarios que nunca cesan y que, además, van en aumento. “Que separe la MCP, que nosotros ya pagamos las tasas”; “Da igual que separemos, la MCP mezcla todo y lo tira en el vertedero”; “Si separamos en casa se perderán los puestos de trabajo de las personas que separan en el vertedero”; “Lo que hace una persona sola no importa nada, las que contaminan son las empresas”; “Está bien dejar voluminosos en la calle porque así alguien que los necesite los puede aprovechar” (ante esto no hay más que leer aquí); y un largo etcétera.

El problema no es que esta clase de comentarios surjan, sino que nos desvíen la atención de lo realmente importante: lo que hemos hecho hasta ahora no sirve y hay que cambiar. Los residuos pueden ser recursos, pero para que no se pierdan en el proceso es imprescindible la colaboración de toda la ciudadanía. Porque hacerlo bien nos une y nos beneficia, del mismo modo que beneficia a un planeta al que seguimos castigando con emisiones evitables. En nuestras manos está.

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