Los lunes el museo de la Universidad de Navarra suele estar cerrado. Pero hoy abre sus puertas. Es por motivo de una circunstancia especial. El alumnado de la Comarca de Pamplona, tanto de primaria como de secundaria, tienen la posibilidad de participar en la actividad Ecoarte, una aventura de ecología profunda en un museo de arte. Mancoeduca, programa de educación ambiental de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, y el propio Museo de la Universidad de Navarra (MUN) son quienes lo han puesto en marcha y han recibido la colaboración del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra.
Su objetivo es sensibilizar, a través del arte, sobre la importancia de nuestras conductas para con el medio ambiente, y promover conductas ambientalmente responsables de una manera global mediante compromisos concretos.
Como en esta iniciativa se unen dos líneas de trabajo que habitualmente no se dan la mano en el centro escolar, es decir, el medio ambiente y el arte, después de la recepción de asistentes se lanzan unas preguntas para contextualizar la actividad: ¿Sabéis dónde estamos? ¿Habéis estado alguna vez en un museo?
Muchas caras se quedan estáticas, con los ojos bien abiertos, sin comprender muy bien y esperando a ver qué ocurre. Una voz rompe el silencio: hoy vamos a hablar sobre cómo cuidar el medio ambiente a través de algo muy especial como es el arte. Conocemos a través de nuestra mirada, así que la vamos a ejercitar para que esté atenta”. Hay quien sigue sin entender, pero no importa, se encoge de hombros y se deja llevar. Ahí es donde comienza la aventura.
El gran grupo se pone en manos del personal del MUN que invita al alumnado a mirarse mutuamente por parejas, realizando un “escáner” al compañero/a. La chavalería se da la vuelta para hacer un cambio en su apariencia y después se vuelve a mirar mutuamente, intentando adivinar el cambio. Es divertido.
Después, esta vez sentados/as y con antifaces, los/as educadores/as les invitan a mirar en su interior y descubrir el vínculo con lo natural. Eso no lo entienden muy bien, pero atienden a la explicación, a las indicaciones de centrarse en su respiración, en su cuerpo, “que está formado por un 70% de agua”, les dicen. Respiraciones profundas, inspirando y exhalando con lentitud. Una toma de conciencia de que necesitamos la respiración y el agua para sobrevivir. Otra serie de respiraciones y ya está todo preparado para seguir.
Porque tras esta dinámica se separa al alumnado en dos grupos. Y cada uno de ellos se dirige a una sala en compañía de alguien responsable del museo y de Mancoeduca. Así arrancan dos itinerarios de forma simultánea, pero en orden inverso.
El grupo 1 accede a la sala donde se encuentran las obras Pahoehoe de Irijalba, Armando II de Gonnord y Composició amb Cistella de Tàpies.
El grupo 2 se encamina al depósito subterráneo y después a una sala para trabajar El número y las aguas de Palazuelo.
Ni uno ni otro sabe aún qué va a ver, ni qué va a hacer. Desconoce que las personas adultas que les acompañan quieren trabajar distintas miradas hacia el medioambiente, o que pretenden hacer una introducción al concepto de ecología profunda: igualdad entre seres humanos y los demás seres naturales (no explotación, minimización de huella ecológica…). Pero no les importa. Se dejan seducir por las paredes que abren la ventana a otro modo de comunicación. Sus mentes están lo suficientemente abierta para no tener prejuicios, para dejarse sorprender.
El grupo 1 llega al Pahoehoe de Irijalba, una fotografía que representa una roca volcánica, un suelo y elementos vegetales (helechos).
“Esta fotografía es de un artista navarro que retrata el comienzo de la vida con una mirada hacia la importancia del suelo y del cuidado de la naturaleza, de lo más pequeño, que acaba de nacer”, les dice la persona del MUN que les acompaña. Seguidamente, otro educador/a de Mancoeduca les pregunta ¿Hay vida en un volcán? Y después explica que hay microorganismos que pueden vivir en las rocas y las aguas volcánicas soportando grandes temperaturas. “Sobre esta colada de lava vemos cómo pequeños brotes de helecho se abren paso, ¿cómo habrán logrado crecer allí? La lluvia ha podido ir dejando tierra fértil, las semillas han podido llegar en el excremento de un pájaro, algunas han germinado y comienzan a crecer”.
La explicación no es más que el preámbulo de una reflexión, fruto de la recopilación de respuestas a preguntas que se realizan. Todas están relacionadas con la experiencia del alumnado; tratando lo cercano y lo cotidiano; hablando de lo animado e inanimado, de rocas y seres vivos: ¿Qué necesitas para vivir? ¿Cómo puede sobrevivir ese helecho sobre la roca? No necesita lo mismo ese helecho que un ser humano ¿o sí?
Conforme se van desgranando las preguntas se muestra una serie de imágenes para que el grupo vaya eligiendo elementos que son imprescindibles para la vida de los seres naturales y de los seres humanos (comida, agua, vestido, refugio o casa, sol…) y también otros elementos que no son tan necesarios pero sin los cuales ya no sabemos vivir (energía para mover un coche, luz eléctrica, un móvil…) ¿De qué están hechos estos elementos? ¿De dónde se extraen? ¿Cuánto nos duran? Esta es la excusa para hablar de extracción y explotación de los recursos y centrarnos en la siguiente obra, Armando II de Pierre Gonnord, “el fotógrafo del alma”.
Más preguntas. ¿Qué nos quiere decir el autor? ¿Qué emociones transmite su mirada? Y, después, llega la decisiva: ¿qué quiere decir explotar y explotación?
La pregunta no se queda en el aire, ya que se reparten tarjetas con distintas palabras y explicaciones del término “explotar”. Mirando a la fotografía, se elegirán los términos más relacionados con la imagen. ¿Qué está explotando el minero? ¿Él está siendo explotado? ¿Qué emociones expresa su rostro? ¿Qué te hace sentir? Si el planeta Tierra tuviera sentimientos, ¿Cómo se sentiría cuando extraemos de él materiales? ¿Estaría contento por compartir y ayudarnos? Pero ¿y si extremos demasiado?
Las cabezas escolares se esfuerzan en entender y responder mientras ahondan en el tema de la escasez y la explotación de los recursos naturales.
Después, a modo de conclusión, se centran en la obra Composició amb Cistella para responder a la incógnita de qué hacer para no sobreexplotar.
Antoni Tàpies, el autor, creaba objetos artísticos con materiales “pobres”, aparentemente sin valor. Jugaba con la percepción del público y con sus prejuicios. La obra a examinar es una caja hiperrealista que parece de cartón pero, en realidad, está hecha de bronce y pesa más de 600 kilos.
Al lado el educador muestra una caja de cartón real ¿Cuál es la diferencia entre esa caja y la de Tàpies? ¿Cuál dura más? ¿Cuál es más funcional para nuestra vida diaria? Reparte distintas tarjetas que explican el ciclo de una caja de papel (árbol, fábrica de pasta de celulosa, elaboración del cartón, el cartón se convierte en caja, usamos la caja, la depositamos en el contenedor de papel y cartón y vuelve a hacerse pasta de celulosa con ella).
Este ciclo se escenifica de manera lineal (cada persona se coloca con su tarjeta en una línea), y después, circular. ¿Qué será mejor para la naturaleza? ¿qué será mejor para los seres humanos?
Mientras todo esto ocurre, el grupo 2 está viviendo sus propias experiencias en otro lugar. Su recorrido ha comenzado en el subsuelo, en el lugar donde se guardan los secretos del museo. Allí otra obra de Carlos Irijalba, Twilight, busca conocer la realidad a través de la luz artificial a gran escala.
Tras la oportuna explicación sobre la obra, llega el momento de la reflexión. Para ello se lanzan preguntas acerca de los animales que habitan el bosque de Irati y, después, se distribuyen fotografías de murciélagos, luciérnagas, búhos, autillos o lechuzas, sapos y polillas. ¿Los has oído alguna vez? ¿Dónde estabas cuando los oíste? ¿Qué ocurre si se enciende una luz en el bosque? ¿Qué sentirán esos animales que han sido despertados? ¿Y los que querían oscuridad y están deslumbrados? ¿Qué pasará con los animales que viven en las ciudades? ¿Sus ciclos serán iguales que en la naturaleza?
Adolescentes y menores se quedan pensando. Son circunstancias que entienden y en las que nunca habían recapacitado. Las bombillas que se habían imaginado en un entorno natural se van a pagando.
Y para acabar, se enfrentan a El número y las aguas de Pablo Palazuelo, un artista abstracto cuyo arte combina geometría y naturaleza. Orden y desorden en la naturaleza.
Arte abstracto, difícil ver algo ahí. Y sin embargo… Cada participante tiene un tubo con una gota de agua que observa. Lo mueve, se fija en ella, se pregunta qué significa. “Cada gota hace el océano”, dice la monitora.
Y después empieza a hablar de las necesidades básicas de los seres vivos. “Nuestro cuerpo está formado por un 70% de agua. La necesitamos para sobrevivir. Pensemos en los usos del agua”.
Sin perder de vista la gota del tubito, el grupo dirige también su mirada a la obra ¿Tienen algo en común? La monitora les da la clave: “nos fijamos en una figura individual y en el conjunto. como nuestras gotas, que individualmente son pequeñas e insignificantes pero juntas cobran un sentido y hacen un océano, en el cuadro las líneas también forman figuras y una composición”.
Es cierto. Y el abstracto deja de ser tan abstracto.
Las miradas se detienen después en el insecto palo. “¿Se parece a alguna de las formas del cuadro que tenemos delante? -pregunta la educadora- ¿Hemos visto alguno de estos insectos en la naturaleza? Para verlos hay que prestar mucha atención, porque parecen partes de las ramas y sólo si nos fijamos mucho podemos ver que son animales y no partes de esa planta. Igual que en este cuadro, que solo cuando nos fijamos vemos que cada elemento es diferente”. Ah, o sea que era eso… El grupo asiente. El cuadro que tiene delante cobra un nuevo sentido.
Al finalizar los dos itinerarios los dos grupos se unen y suben hacia el taller. Allí cada cual vierte su gota en una botella con pulverizador. Con ello se simboliza el sentido de conjunto, ciudadanía, frente a individuo. “Recordad que cada uno y cada una podemos hacer pequeñas cosas que repercuten luego en otras mayores. Por eso pueden ser muy poderosas y transformadoras”, explican las personas docentes que han guiado la actividad. Seguidamente invitan a los/las presentes a pulverizar ligeramente el helecho del comienzo, cerrando así el círculo de cuidados y de conexión con la naturaleza.
La actividad finaliza con un taller práctico en el que el alumnado plasma plásticamente los compromisos ambientales que asumen o quieren asumir a partir de ahora.
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Vik Muniz: una obra marcada por los residuos y los materiales naturales
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