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Java, la isla más poblada del mundo, se hunde

Java, la isla más poblada del mundo, ve cómo su superficie está desapareciendo bajo el mar. El ascenso del nivel del mar, debido al calentamiento global, es una de las razones que explica este hundimiento. La actividad del ser humano, otra.

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En un post anterior, (leer aquí) hablábamos de la isla de Nauru y de su historia, teñida de negro por la explotación de recursos sin control, que la abocó a la ruina y casi a la desaparición.  Cuando su fuente de ingresos se agotó y el 90% de su territorio quedó arrasado por la minería, los efectos del cambio climático hicieron acto de presencia de una manera implacable: el aumento del nivel del mar y la sucesión de eventos climáticos extremos amenazaron de muerte a la isla.

Hoy hablaremos de Java, la isla más poblada del mundo, que ve cómo su superficie está desapareciendo bajo el mar. Mientras el calentamiento global está elevando el nivel del mar en todo el mundo a un ritmo de unos 3,5 milímetros al añoel norte de esta isla se está hundiendo hasta 10 centímetros anuales. Java Central ha perdido 8.000 hectáreas de suelo y Jakarta, su capital y la ciudad más poblada de Indonesia, cuenta ya con el 40% de su terreno por debajo del nivel del mar.

El ascenso del nivel del mar, debido al calentamiento global, es una de las razones que explica este hundimiento. La actividad del ser humano, otra.

Durante milenios los ríos interiores del norte de Java han depositado buen número de sedimentos cuando se desbordaban en las inundaciones anuales, que después de repartían uniformemente por la llanura.

Pero estas inundaciones suponían un grave problema para las ciudades del siglo XIX, por lo que se controlaron por medio de canales, diques y taludes que, efectivamente, cumplieron su misión. En consecuencia, las inundaciones cesaron, pero el reparto de los sedimentos en la llanura, también.

Por otro lado, encontramos la extracción de agua subterránea. El Gobierno lleva tiempo fomentando la extracción de agua subterránea como la forma más económica de satisfacer la demanda de agua potable y de saneamiento. El agua subterránea es limpia, por lo que no requiere plantas de tratamiento; tampoco presas o embalses para almacenarla. Por lo tanto, las arcas públicas se evitan las inversiones en infraestructuras.

Los acuíferos, por consiguiente, se explotan desde el gobierno. Pero no solo. La población isleña también excava pozos particulares para abastecerse de agua de una forma barata. En consecuencia, el vacío del subsuelo contribuye a que el hundimiento del terreno se acelere.

Varias ONGs han instado al ejecutivo a tomar cartas en el asunto y a desarrollar un plan de medidas para controlar la explotación desmedida de las reservas de estas aguas, además de evitar o frenar la erosión en la costa. Y sus propuestas no han caído en saco roto, ya que se han reforestado más de 300 hectáreas de manglares y se pretende llegar a las mil para el 2023.

Además, esas mismas ONGs trabajan con los pescadores y han levantado vallas de bambú en la orilla de varias zonas costeras con el objetivo de actúen como rompeolas permeables y atrapen los sedimentos que lleguen con el oleaje. De esta manera, se prevé que se acumulen y que faciliten el arraigo de los manglares. Se trata de una medida barata y eficaz, aunque también provisional, ya que las vallas se caen con facilidad a causa de los embates del mar y exigen un continuo mantenimiento.

Por eso, se buscan más fórmulas. En 2012, por ejemplo, se construyó en otra zona de la isla un malecón de cilindros de hormigón que acumuló sedimento suficiente para que creciesen mangles.

Esta también fue una medida eficaz, aunque demasiado cara.

Durante un tiempo la mirada estuvo puesta en los diques costeros construidos en los Países Bajos, pero pronto se vio que aquellos exigirían enormes estaciones de bombeo, además de un mantenimiento indefinido, por lo que se descartaron, ya que el gobierno no tenía capacidad para costearlos.

Y mientras se busca una solución factible al grave problema de mantener habitable un lugar que desaparece por momentos, la población se adapta como puede. Hay quien abandona su hogar y se desplaza tierra adentro escapando de las aguas y de su modo de vida tradicional. Quienes no tienen esa opción, optan por colocar sus pertenencias a cierta altura y elevar el suelo de sus viviendas, sabiendo que el espacio habitable del interior se reducirá de tal manera que les obligará a moverse de una manera encorvada.

Muchos campos de arroz están malogrados; las piscifactorías, anegadas, en desuso; el transporte de mercancía, detenido porque una de las carreteras más importantes de la isla se inunda reiteradamente…

Y así, un suma y sigue en la vida de Java, la decimotercera isla más grande del mundo; el lugar en el que un día se descubrió uno de los antepasados del ser humano, el homo erectus, y donde puede que se esté perfilando su futuro.

*Fuentes

https://nationalgeographic.exposure.co/hundirse-por-momentos

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