Javier Blanco Zumeta era un profesor de primaria de la localidad aragonesa Pina del Ebro. Pero su pasión por la naturaleza hizo que rompiera la barrera de las paredes del aula y que enseñara a quien lo quisiera las maravillas que alberga el ecosistema de los Monegros.
Actualmente le definen como activista, entomólogo, ornitólogo, naturalista, conferenciante, asesor, escritor…, aunque él quita importancia a todos esos “títulos”.
También ha recibido multitud de reconocimientos y premios: Insignia de Oro de la Villa de Pina de Ebro (1995), la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1996), el Premio Medio Ambiente de Aragón (2004), el Premio Jaulín en Defensa de la Naturaleza (1994, 2010). Incluso el Ayuntamiento de Pina decidió poner su nombre a un parque. Pero él da a todos ellos el mismo valor que a los calificativos con que otros/as le definen.
Y es que no para de repetir que quien tiene que estar agradecido es él. Primero a Féix Rodríguez de la Fuente, a quien pidió que le enseñara taxidermia y el que le contestó “Hazte amigo de los animales vivos y no muertos”. Aquello hizo que cambiara su escopeta de cazador por unos prismáticos.
Y después al grupo de especialistas a quienes ha recurrido una y otra vez con el ánimo de resolver dudas. “Es cierto. Como naturalista autodidacta yo he aprendido mucho con los libros y con las respuestas que se han dado a mis preguntas”.
Sin embargo, es mucho lo que la ciencia le debe a este divulgador que dedicó 12 años de su vida a inventariar las distintas estepas de los Monegros. Con un equipo de más de cien especialistas de medio mundo se identificaron más de 4.000 especies de flora y fauna, de las que alrededor de 200 eran nuevas.
Pero ¿cómo puede ser esto posible? ¿Cómo nadie se fijó antes en la riqueza de biodiversidad que albergaba aquel desierto?
“Porque hasta hace poco se le ha considerado un secarral estropeado”, comenta javier, que además recuerda que “decenas de aquellas especies no aparecían en entornos próximos. Sus parientes más cercanos estaban en Asia occidental. Esto también fue una sorpresa e hizo que hoy pueda considerarse a los Monegros como uno de los paisajes más antiguos de Europa”.
Su aportación a la ciencia, por lo tanto, ha sido muy importante y quedará para la posteridad, ya que muchas de las nuevas especies descubiertas llevan su nombre: javieri, zumetae, blascozumetai, blascoi…
Después de este inventario Javier Blasco Zumeta compaginó su trabajo en las aulas con el de anillador de aves. La aparición de las cámaras digitales, así como las posibilidades de difusión que da internet, hicieron que Javier idease el proyecto de preparar una guía visual donde poder determinar las diferentes especies de aves que hay en Aragón y datar su sexo y edad, sustituyendo así por imágenes las publicaciones que se utilizan con frecuencia y que se basan en meras descripciones de plumajes. Así se originó el Atlas de Identificación de las Aves de Aragón.
La implicación de Javier con su entorno pasa también por trabajar aspectos relacionados con la historia y la etnología. Fruto de ello ha sido el ‘Callejero de Pina de Ebro’, el inventario de campanarios de Aragón y la revisión de los mojones que delimitan el municipio de Pina de Ebro
No hay duda de que, a pesar de su discreción y su modestia, Javier Blanco Zumeta es un referente en el mundo de la divulgación ambiental.
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