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We love cities: el concurso que mueve conciencias

Urbanitas y medioambiente necesitan encontrar un equilibrio para convivir en armonía. We Love Cities (amamos las ciudades) es un concurso que tiene como objetivo concienciar sobre la necesidad de crear urbes más sostenibles por medio de la participación ciudadana. Esa concienciación no llega sólo a la ciudadanía sino también al ámbito político al que se exige tomar medidas y acometer acciones.

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Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en la actualidad más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Esta cifra, además, va creciendo cada día y se espera que para el 2050 se duplique. No es de extrañar, por lo tanto, que el modo de vida de las urbes (alimentación, movilidad, ocupación laboral…) tenga una incidencia directa en el planeta. Se habla, de hecho, que más del 70% de las emisiones globales de dióxido de carbono provine de las ciudades.

Urbanitas y medioambiente, por lo tanto, necesitan encontrar un equilibrio para convivir en armonía. Por eso, la WWF ha convocado el concurso We Love Cities (amamos las ciudades), con el objetivo de concienciar sobre la necesidad de crear urbes más sostenibles por medio de la participación ciudadana. Pero esa concienciación también llega al ámbito político desde donde se exige tomar medidas y acometer acciones.

Para empezar, optar al galardón supone que la ciudad cantidata haya tenido que ser antes finalista del One Planet City Challenge (OPCC), un desafío lanzado también por WWF, en el que se reconoce y recompensa el trabajo en materia de sostenibilidad que están realizando algunos gobiernos locales. El desafío consiste en alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados.

Y para continuar, alzarse con el galardón del año exige una reacción. Por ejemplo, en la última edición de We love cities, celebrada entre septiembre y octubre de 2020, la ciudad filipina Batangas fue la que más votos obtuvo. Desde entonces ha vivido inmersa en su estrategia contra el cambio climático: instalación de placas solares en los edificios públicos, iluminación LED de bajo consumo para el alumbrado de calles, recogida y aprovechamiento del agua de la lluvia acumulada en azoteas, km0 para la red abastecimiento de alimentos…

No es la única, porque el resto de candidaturas, a pesar de no alzarse con el primer puesto, también está trabajando para que sus ciudades sean más sostenibles. Desde proyectos que apuestan por la productividad de electricidad renovable, hasta la implantación de infraestructuras para tejer una red de transporte que no genere emisiones contaminantes; desde la toma de medidas costeras para protegerse de las inundaciones provocadas por el calentamiento global, hasta la limitación de emisiones de carbono a una tonelada por persona; desde la creación de un programa de bicicletas eléctricas compartidas, hasta la colocación de varios postes de recarga a lo largo de la ciudad para coches eléctricos, etc.

Y eso es precisamente lo que distingue a esta competición, que despierta conciencias entre la ciudadanía y la clase política y empuja a la acción.

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