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¿Hacia nuestra propia extinción? Un dinosaurio en la ONU

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“Así que esta es mi idea loca:  no elijan la extinción”. Este es el mensaje que lanzaba un dinosaurio al hemiciclo de la Asamblea General de las Naciones Unidas en un campaña sobre cambio climático. “Sé unas cuantas cosas sobre la extinción –comenzaba su discurso-, y déjenme que les diga que extinguirse no es nada bueno. ¿Y provocar su propia extinción? En 70 millones de años ¡eso es lo más ridículo que he escuchado! Al menos nuestra especie tuvo un asteroide ¿Cuál es su excusa? (…) Cada año los gobiernos gastan miles de millones en subsidios a los combustibles fósiles. Imaginen si nosotros hubiéramos gastado miles de millones cada año subsidiando meteoritos. (…) Es hora de que ustedes, humanos, dejen de poner excusas y comiencen a hacer cambios”. (ver vídeo aquí)

¿Tendrá razón?

Lo que es cierto es que nuestro estilo de vida actual necesita mucha más energía que la que se necesitaba para vivir antes de la Revolución Industrial. Nos movemos mucho más y en distancias más largas. Transportamos más. Producimos más. Y consumimos más, mucho más.

Para todo esto necesitamos energía y para obtenerla utilizamos, sobre todo, combustibles fósiles. 

El 74,1% de la energía que utilizó España en 2018 provenía de combustibles fósiles y esta producción lanzó a la atmósfera 255.831 toneladas de emisiones totales de CO2. Eso equivale a 5,5 toneladas por persona al año, por encima de Portugal, Francia o Reino Unido.

El uso generalizado de hidrocarburos para la producción eléctrica y el transporte ha generado un grave problema: el cambio climático. 

Si seguimos produciendo a la velocidad que lo hacemos en estos momentos nuestros suministros de combustibles solo tardarán unas décadas en agotarse además de que quizás para entonces el calentamiento global haya llegado a un punto de no retorno que hará muy complicada la vida en el planeta.

Para cambiar esta tendencia es necesario cambiar nuestra manera de producir la energía que consumimos. 

Las energías renovables (ver post) son más sostenibles para el planeta, entonces, ¿por qué no realizamos la transición de las energías contaminantes a las verdes? Porque no es fácil.

Para que la temperatura global no subiera 2ºC dentro de los próximos 100 años sería necesario reducir el 85% de las emisiones para 2050, lo que significa que para ese año habría que completar la descarbonización y la transición hacia la producción de energías renovables.

Y eso, a día de hoy no parece del todo factible. La descarbonización total tardará en llegar. En la actualidad sólo un 14% de la energía que se produce viene de renovables. Para alcanzar el 100%, se deberían emplear extensos territorios para instalar plantas solares y eólicas, construir más centrales hidroeléctricas, generar más biomasa probablemente con campos que podrían dedicarse a la producción para consumo humano, etc.

Eso provocaría grandes costes económicos, además de otros como los paisajísticos que son mucho más difíciles de cuantificar y a los que también hay que ir dando solución.

La solución, quizá, no estaría solo en sustituir las energías contaminantes por las verdes, sino en aprender a consumir de una manera más racional y reducida, ya que cambiar nuestros hábitos de consumo reduciría de manera considerable nuestras aportaciones a la atmósfera de gases efecto invernadero.

La economía circular y sus cuatro Rs (Reciclar, Repensar, Reducir y Reutilizar) son importantes en este cambio. En nuestro consumo diario deberíamos pensar en separar bien los residuos cuando ya no utilicemos los objetos para que se puedan reciclar adecuadamente y así, gastemos menos materias primas y menos energía en su procesamiento; tendríamos que repensar si podemos utilizarlos de otra forma cuando ya no queremos hacerlos servir para su uso original, reducir preguntándonos siempre si necesitamos ese objeto antes de comprarlo y así comprar menos, y reutilizando, usando productos de segunda mano alargamos su vida útil y gastamos menos energía que produciendo uno nuevo. 

No obstante, cambiar el sistema de consumo tardará varias décadas, porque el tejido económico e industrial no está preparado para que se haga de manera rápida. Pero es necesario. No hay otra alternativa. Las emisiones se deberían reducir inmediatamente de manera drástica para impedir que las consecuencias del calentamiento sean irreversibles. Si las emisiones cesaran hoy mismo algunos de estos gases como el dióxido de nitrógeno tardarían siglos en volver a niveles preindustriales, mientras que el CO2 nunca lo haría.

Está claro que buscar una solución no es fácil. Pero el tiempo apremia. No olvidemos que el dinosaurio del vídeo es simplemente una recreación audiovisual y que se extinguió hace tiempo. *extracto de Ciencia para el día a día: ¿Vamos a seguir subvencionando nuestras extinción? Energía y cambio climático (sapienscuriosa.blogspot.com)

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