Lexeia Larrañaga del Val es directora y guionista. Alex Gutiérrez Benítez es cámara de naturaleza y director de producción. Ambos crecieron viendo los documentales de la 2 y se consideran “unos frikies que observan la naturaleza”. Quizá por eso fundaron AVIS Producciones, responsable de la dirección de naturaleza de Bizi Natura, el programa de ETB estrenado en 2026 y de Natura Bizia un documental —y también serie documental de ocho capítulos— que va cosechando éxitos en aquellos festivales, certámenes y foros a los que se presenta.
Durante tres años, el equipo de Natura Bizia ha recorrido diferentes paisajes de Euskal Herria con un objetivo aparentemente sencillo: mostrar la extraordinaria biodiversidad que tenemos cerca.
El resultado fue sorprendente. ¿Cómo puede existir semejante variedad de especies en un territorio tan pequeño?
Bosques, humedales, montañas, acantilados y fondos marinos escondían una diversidad que muchas veces pasaba inadvertida precisamente porque formaba parte de un paisaje muy cotidiano.
Ahí radica la importancia que Lexeia y Alex dan a su trabajo: “no podemos proteger aquello que ni siquiera sabemos que existe”.
El trabajo ha sido duro, pero muy gratificante. “Grabar un documental de naturaleza tiene poco que ver con un rodaje convencional. Aquí los protagonistas no tienen horarios, no repiten una toma y, desde luego, no reciben instrucciones del director. Hay veces que no se presenta el figurante al que has convocado, pero, en su lugar, aparece alguien a quien no esperabas, como un visón europeo, por ejemplo, una de las especies de mamíferos más amenazadas de Europa. Esos momentos son mágicos. Pero hay que tener paciencia”.
El proceso de filmar es algo que requiere tiempo y preparación. Primero se localizan rastros y señales de la presencia de animales. Después, se instalan cámaras de fototrampeo para comprobar si utilizan habitualmente determinado lugar. Y solo entonces puede prepararse un escondite —un hide— desde el que esperar sin interferir en su comportamiento.
A veces pasan horas y no ocurre absolutamente nada.
Ese componente imprevisible es precisamente parte de la fascinación.
Cuando finalmente aparece un animal y continúa tranquilamente con su vida sin percibir al equipo de filmación como una amenaza, la espera cobra sentido. “Estar escondido mientras el animal sigue con su quehacer diario es una sensación increíble”.
Una sensación que trasciende del frío de la pantalla. “Puede que ese sea el secreto del éxito de Natura Bizia. Porque está claro que vivimos rodeados de naturaleza, pero cada vez conocemos menos sus ritmos, especies y comportamientos”.
Algunos conocimientos que durante generaciones formaron parte de la experiencia cotidiana —reconocer rastros, interpretar determinados comportamientos animales, distinguir árboles o comprender los ritmos de las estaciones— se van perdiendo.
“Esa separación resulta especialmente visible entre los más pequeños, que en más de una ocasión sienten rechazo al tocar la tierra”.
Por eso Lexeia y Alex abogan por recuperar las excursiones al monte, observar animales, tocar el suelo o aprender a reconocer las especies que viven cerca de nosotros.
“Esa constituye una forma de educación ambiental. Pero también es muy importante saber cómo contar los problemas ambientales. Podemos optar por una comunicación basada únicamente en la pérdida, la amenaza y el desastre, o explicar lo que está ocurriendo con rigor, pero dejando también espacio para la esperanza y para la capacidad de recuperación de la naturaleza”.
Según sus palabras, eso no significa ocultar los problemas, sino en explicarlos y hacer compatible nuestro desarrollo con esos otros habitantes del territorio, muchos de ellos discretos y prácticamente invisibles para nosotros.
Ese afán por contar y mostrar se materializó en Bizi Natura, el programa que renunció en buena medida a controlar lo que iba a suceder.
La propuesta adaptó por primera vez fuera del Reino Unido el formato Springwatch de la BBC: cámaras instaladas en espacios naturales permiten observar durante horas y prácticamente en tiempo real lo que ocurre en nidos, refugios y otros lugares utilizados por la fauna.
Sin actores. Sin posibilidad de repetir la escena.
La vida sucediendo ante la cámara.
Durante su emisión, 18 cámaras ofrecieron imágenes de la naturaleza y permitieron seguir el despertar de la primavera, combinando la observación de animales con las explicaciones de especialistas.
“La divulgación ambiental tiene precisamente esa función: conseguir que pongamos nombre y rostro a quienes comparten el territorio con nosotros. Porque muchas de las grandes historias de la naturaleza no están en lugares remotos. Solo necesitamos detenernos, mirar y conocer”.
No hay duda de que el trabajo de Lexeia y Alex nos dan las claves para hacerlo.
Si quieres conocer más ejemplos de comunicación ambiental:
Comunicación ambiental con los cinco sentidos
RECIDA, una puesta en común de recursos comunicativos medioambientales
Posters para crear conciencia social y ambiental

















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