Que un envase lleve un símbolo relacionado con el reciclaje no significa necesariamente que vaya a convertirse en un nuevo producto. Puede estar formado por varias capas difíciles de separar, contener componentes incompatibles o no existir instalaciones capaces de tratarlo a una escala suficiente.
La nueva normativa europea sobre envases, regulada bajo el Reglamento (UE) 2025/40, y aplicable desde el 12 de agosto de 2026, intenta cerrar esa distancia entre el “técnicamente reciclable” y el “reciclado en la práctica”. A partir de 2030, los envases deberán diseñarse conforme a criterios europeos de reciclabilidad. Más adelante, también se exigirá que puedan recogerse, clasificarse y reciclarse a gran escala. Los diseños con peores resultados quedarán progresivamente fuera del mercado.
Esto obligará a revisar adhesivos, tintas, cierres, etiquetas, combinaciones de materiales y formatos. Una bandeja de plástico, por ejemplo, no será evaluada únicamente por el material principal: también contará si su película, su etiqueta o su color dificultan la clasificación y el posterior reciclaje.
La consecuencia debería ser un mercado con envases más simples y homogéneos, capaces de convertirse en materia prima secundaria con mayor facilidad.
E indicar después qué porcentaje de material reciclado contiene el producto posterior que se obtenga.
A partir de 2030, distintos envases de plástico tendrán que incorporar porcentajes mínimos de material reciclado. En las botellas de plástico de un solo uso para bebidas, por ejemplo, el contenido reciclado deberá alcanzar, con las excepciones previstas, al menos el 30 % en 2030 y el 65 % en 2040. Para otros envases plásticos se establecen porcentajes diferentes según su uso y el material empleado.
Esta medida puede ayudar a crear una demanda estable de plástico reciclado. Y eso es fundamental: separar correctamente los residuos tiene mucha más utilidad cuando existe una industria capaz de emplear los materiales recuperados para fabricar nuevos productos.
Pero la confusión ante cómo separar algunos envases es habitual. Para reducirla, el reglamento prevé una etiqueta europea armonizada que identificará la composición material del envase y facilitará su separación. Los recipientes de recogida deberán utilizar símbolos, de modo que la información del envase y la del contenedor coincida.
Estas etiquetas comenzarán a implantarse previsiblemente a partir de 2028, una vez se aprueben las especificaciones necesarias. También podrán incluir códigos QR u otros soportes digitales con información complementaria sobre reciclabilidad, reutilización o contenido reciclado.
La medida puede resultar especialmente útil en una Unión Europea en la que los colores, símbolos y mensajes de separación todavía varían entre países e incluso entre territorios.












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