La ciudad esponja, aquella capaz de captar, almacenar, infiltrar y reutilizar el agua de lluvia, imitando el comportamiento de la naturaleza. Este modelo, tan necesario ante el cambio climático y los fenómenos extremos que provoca, ya se está instaurando en China y en varias ciudades europeas. ¿Y qué ocurre a nuestro alrededor? ¿La Comarca de Pamplona está reaccionando a tiempo?

El botánico japonés Akira Miyawaki estudió los llamados bosques potenciales, aquellos que crecerían de forma natural en un territorio si la actividad humana dejara de intervenir. A partir de esa idea desarrolló un sistema para recrear esas comunidades vegetales utilizando exclusivamente especies autóctonas. Son los bosques Miyawaki, una técnica de restauración ecológica que está cambiando la forma de introducir naturaleza en las ciudades.

3 árboles visibles desde cada vivienda, centro educativo o lugar de trabajo; 30 % de cobertura arbórea en cada barrio; 300 metros como distancia máxima hasta un espacio verde de calidad. Estas son las tres reglas que imperan en la guía 3-30-300 de Cecil Konijnendijk y que sirve de brújula para crear ciudades más saludables. Porque, al final, una ciudad no es mejor por tener edificios modernos o calles amplias, sino también por integrar la naturaleza en la vida cotidiana de quienes la habitan.

Si antes las ciudades se diseñaban para que el agua de lluvia desapareciera lo antes posible, ahora se hacen para que la absorban y así se evite una pérdida continua de un recurso cada vez más valioso. Son las llamadas ciudades esponjas que están transformando el urbanismo mundial.

En una comunidad de vecinos siempre hay una voz que siempre es la discordante. A veces se le tacha de molesta, pero otras, cuando se escuchan bien sus reivindicaciones, se convierte en la merecedora de atención.
Esto es lo que ha ocurrido en Burlada con el Arga, ese río que protagoniza, cada vez con más frecuencia, episodios de crecidas que afectan al núcleo urbano.
Nogalera Verde es una iniciativa que ha promovido el ayuntamiento de la localidad para que, precisamente, se entiendan bien las reivindicaciones de este vecino que tiene sus razones para ser molesto.

Vivimos en un mundo cambiante en el que la inmediatez y la premura se ha convertido en una constante. Sin embargo, la slow fashion o moda lenta parece revelarse ante ese ritmo y establecer sus propias reglas de juego por las que, el cuidado del medio ambiente y de la comunidad de personas se convierten en prioridad. La empresa SukkhaCitta de Indonesia es una buena muestra de ello.

En Europa, ante la crisis climática y la necesidad de mejorar la calidad del aire de las ciudades, las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) se han convertido en una herramienta clave para transformar el transporte y proteger la salud de la ciudadanía.
Actualmente, más de 320 ciudades europeas cuentan con ZBE operativas o en preparación y se prevé que, en lo sucesivo, este número vaya en aumento.

Masificación del turismo en zonas costeras, sobreexplotación de los bancos de pesca, cambio climático, abandono de actividades tradicionales… Estos son algunos de los males que aquejan a nuestros mares. Por eso se hace imprescindible el uso sostenible de los recursos oceánicos para el crecimiento económico, la mejora de los medios de vida y la creación de empleo, preservando la salud de los ecosistemas marinos. Es lo que llamamos la economía azul.

El cambio climático está poniendo en jaque a las grandes urbes que necesitan una nueva planificación urbanística capaz de crear refugios climáticos y velar por la salud de la ciudadanía y la seguridad de la economía y de las infraestructuras. Se trata de un gran reto al que no hay más remedio que hacerle frente, porque está claro que vivimos en un mundo que cada vez es más cálido.