Clima, energía, biodiversidad, residuos, y en referencia a ellos los plásticos… Estos son los trending topics del medio ambiente actual. Pero la relación entre estos temas no se refleja en ninguna parte. Al menos eso es lo que dice la divulgadora científica Ana Galarraga. En su opinión, a pesar de la cantidad de información que encontramos en los medios habituales, y de la emergencia climática a la que nos enfrentamos, la sensibilización medioambiental no ha aumentado. “La economía y la ecología son lo mismo, y entenderlo nos hace repasar nuestro modo de vida, y eso nos exige esfuerzos”.

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Anita Studer es una ornitóloga suiza que fue a Brasil para estudiar el mirlo de Forbes (Anumara forbesi) que estaba en peligro de extinción y que lleva casi 40 años trabajando en la recuperación del bosque de Pedra Talhada, que es el hábitat de esta ave. Durante este tiempo ha desarrollado su proyecto medioambiental, poniendo el foco en la mejora de las condiciones de vida de la población local.

Julio Díaz y Cristina Linares son profesionales de investigación científica y de divulgación. Consideran que la divulgación, a cualquier nivel, y aunque exija un esfuerzo añadido de “traducción”, es imprescindible para concienciar y sensibilizar. Y para ello utilizan todas las herramientas que encuentran a su alcance. Incluso una cuenta de twitter que ya cuenta con más de 7.200 seguidores.

Highland Titles, una reserva natural escocesa, entró en el libro Guiness de los récords, al presentar el hotel de insectos más grande del mundo, de 199,9 metros cúbicos. La estructura desbancaba así a la Asociación Polaca de Desarrolladores en Varsovia, Polonia, cuyo hotel tenía una capacidad de 89,37 metros cúbicos. Según los responsables, además de incidir sobre el mensaje ambiental de conservación, la estructura puede alentar al público a visitar la reserva. «Cuantos más visitantes tengamos, más gente podrá ver el trabajo que estamos haciendo».

La compañía de teatro “Pasadas las 4” lleva años estacionando un autobús de transporte urbano en el patio de los centros educativos de la Comarca de Pamplona. Allí, de manera informal y lúdica, Berta, una azafata amable y divertida, plantea situaciones que propician que el alumnado se cuestione comportamientos negativos, a veces demasiado normalizados, que reflexione sobre normas cívicas y de convivencia y que interiorice dinámicas respetuosas con la persona conductora, con el resto de pasajeros y pasajeras, y por supuesto, con la naturaleza. “Lo que hacemos es recordar buenas prácticas de convivencia y los beneficios que tiene para el medio ambiente utilizar, asiduamente, el transporte público”.

“La relación que establece una sociedad con el río pone de manifiesto el modelo de relación de dicha sociedad, tanto con la naturaleza como entre los miembros que la conforman”. Esta reflexión fue el punto de partida del proyecto “Askatasuna Ibai bazterreko tximeleta” (Asakatasuna. La mariposa de la orilla del río) que el IES Askatasuna de Burlada (Navarra) inició hace seis años. Un proyecto que, además de cumplir con el objetivo de concienciación ambiental, representa una buena muestra de cómo un trabajo de ámbito escolar se puede convertir en un producto de interés general.

Julio Díaz y Cristina Linares son profesionales de investigación científica y tuiteros. Coinciden en afirmar que tan importante es investigar como divulgar. Y en un tiempo en el que una pandemia originada por una zoonosis ha hecho temblar los cimientos de nuestra civilización, su discurso cobra fuerza y sentido. “La gente tiene que ver que los problemas ambientales están directamente relacionados con su salud”.

Nuestro estilo de vida actual necesita mucha más energía que la que se necesitaba para vivir antes de la Revolución Industrial. Nos movemos mucho más y en distancias más largas. Transportamos más. Producimos más. Y consumimos más, mucho más.
Para todo esto necesitamos energía y para obtenerla utilizamos, sobre todo, combustibles fósiles que provienen de reservas limitadas, cada vez más escasas. Unos combustibles que envenenan el planeta y a sus habitantes, entre quienes se encuentra el ser humano…

En la actualidad se conocen más de 200 enfermedades zoonóticas y se calcula que afectan a unos 2600 millones de personas al año.
Esto no es algo nuevo. Las zoonosis nos acompañan desde siempre. Pero el aumento de población humana y la destrucción de ecosistemas, además de la pérdida de biodiversidad que ello trae consigo, hacen que estas enfermedades sean cada vez más peligrosas.
¿Podemos hacer algo para evitarlo? La respuesta la tenemos en la naturaleza.

Hace 30 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 22 de marzo de cada año como Día Mundial del Agua. Desde entonces celebramos la efeméride como excusa para recapacitar sobre la importancia de este elemento natural.
Este año el foco se pondrá en el agua dulce y, más concretamente, en la existente en acuíferos. Bajo el lema ‘Agua subterránea – Haciendo visible lo invisible’ se pretende mostrar las graves consecuencias que podría traer para la población mundial que desapareciera este recurso.