Si antes de la pandemia ya era considerable el aumento de la concienciación para con el medioambiente, la Covid-19 y sus consecuencias la han reforzado, posiblemente porque ha evidenciado que nuestra salud depende de la salud del planeta. Puede que esa sea la razón por la que la influencia de activistas medioambientales, también haya aumentado.

En ocasiones la convivencia entre turistas y modos de vida rurales es problemática. Litigios porque los gallos cantan o las campanas rompen el silencio de la noche se repiten. Ahora, el parlamento francés ha aprobado una ley que vela por el patrimonio sensorial rural y que fija que tanto olores como sonidos son inherentes a los pueblos, del mismo modo que lo son sus paisajes.

La bioconstrucción es un término que hace referencia a un modo de entender la arquitectura. Aprovechar al máximo la energía solar, utilizar materiales naturales y locales, garantizar el aislamiento térmico y la ventilación son los criterios que se siguen a la hora de levantar unas construcciones que, al llegar al final de su ciclo vital, se integran de nuevo en la naturaleza sin causar daño alguno.
Iñaki Urkia, uno de los claros exponentes de esta arquitectura, nos acerca a las casas de paja.

Vehículos menos contaminantes, más agilidad en los traslados, menos congestión son algunos de los objetivos que se persiguen en pos de lograr una movilidad sostenible y limpia en nuestras ciudades. En ese marco los vehículos aéreos no tripulados cada vez cobran más protagonismo y se presentan como alternativa. Aún hay que superar muchos escollos técnicos y de logística, pero parece que la necesidad de regular su circulación comienza a ser apremiante.

Los parques fluviales y otros parajes naturales son testigos del aluvión de caminantes que, bastón en mano, disfrutan de largas marchas en contacto íntimo con la naturaleza. En grupo o en solitario estas personas practican un deporte que nos llega del norte de Europa, fácil de aprender, adecuado para cualquier edad y que aporta grandes beneficios tanto físicos como emocionales.

La pelusa y otros residuos textiles que quedan en las máquinas secadoras de las lavanderías (borra) siempre se han tratado así, como residuo inservible. Sin embargo, ahora, estudiantes de la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona (Elisava), en colaboración con Girbau Lab, una plataforma de innovación abierta de la industria de la lavandería, han hecho posible que se conviertan en un recurso que se puede transformar en un material similar al cartón.
El nuevo material se llama Clint y se utiliza en la industria papelera como papelería o packaging. Además, se están estudiando otras aplicaciones como la fabricación de carcasas de pendrives.

El comercio on-line ha experimentado un gran auge y, aunque eso reporta grandes beneficios a nivel de comodidad, también supone un gran perjuicio ambiental: aumento de las emisiones de CO2, dificultades en la movilidad, generación de residuos… Empresas y entidades están intentando minimizar estos efectos adversos, pero no hay duda de que la compra responsable es una de las claves para gestionarlos y controlarlos.

Hasta hace sólo 60 años la etnia ecuatoriana waorani no tenía ninguna relación con el mundo exterior y ahora, sin embargo, se ve amenazada por la industria petrolera. Nemonte Nenquimo ha sido testigo de este cambio y de sus efectos. La defensa de su vida en la Amazonia, el pulmón verde del planeta, le ha hecho merecedora de uno de los premios de la Fundación Goldman