Cuando cae la noche en los campos de Osona (comarca barcelonesa), todavía hay ojos atentos que vigilan desde los postes, los muros de piedra o los viejos pajares. Son las rapaces nocturnas, aliadas silenciosas del mundo rural y piezas clave del equilibrio ecológico.
Desde hace más de 30 años, el Grup de Naturalistes d’Osona (GNO‑ICHN) trabaja para que estos centinelas de la oscuridad no desaparezcan del paisaje agrícola de la comarca.
Una de las especies que más preocupa es el búho común o mochuelo europeo (Athene noctua), un ave pequeña pero carismática, estrechamente ligada a los ambientes agrícolas tradicionales. Huertos, prados, lindes y masías han sido históricamente su territorio. Sin embargo, en las últimas décadas su población ha sufrido un descenso acusado, una tendencia que se repite en buena parte de Europa.
Las causas son conocidas, pero no por ello menos preocupantes. La intensificación agraria, la desaparición de árboles viejos, el uso de insecticidas y, sobre todo, la pérdida de refugios y lugares de cría están pasando factura. Donde antes había tejas mal encajadas, muros con huecos o edificaciones tradicionales llenas de grietas, hoy encontramos construcciones rehabilitadas y tejados sellados que ya no dejan espacio para la biodiversidad.
Para el búho común, esos pequeños huecos son vitales. Los utiliza para refugiarse durante el día y nidificar en primavera, sin necesidad de construir nido. Cuando desaparecen, la especie tiene muy pocas alternativas.
Conscientes de esta limitación, el Grupo de Naturalistas de Osona impulsa desde hace años un proyecto tan simple como eficaz: la instalación de tejas nido. Se trata de piezas especialmente diseñadas que se integran en tejados de edificaciones rurales y que ofrecen un refugio seguro para el búho común y otras rapaces nocturnas.
Pero el proyecto no se basa solo en colocar tejas. Su fuerza real está en la colaboración con los propietarios agrícolas y la ciudadanía. El GNO busca activamente la implicación de personas que conozcan masías, cobertizos o construcciones aisladas con potencial para albergar rapaces. Edificaciones bien orientadas, tranquilas y rodeadas de mosaicos agrícolas se convierten así en espacios clave para la conservación.
Esta manera de trabajar, paciente y cercana, ha permitido consolidar en la Plana de Vic una auténtica red de refugios para rapaces nocturnas, complementada con cajas nido, seguimiento científico y acuerdos de custodia del territorio. Gracias a estas acciones, especies como el búho común, el autillo o la lechuza encuentran todavía lugares donde reproducirse en un entorno cada vez más hostil.
El proyecto Teula Mussolera – Adopta una teula niu, sin embargo, evita publicar cifras exactas de localización y cantidad, por motivos de protección de las aves y de las fincas colaboradoras. El objetivo es evitar molestias en época reproductora, proteger a los propietarios colaboradores y reducir riesgos de expolio o visitas inadecuadas.
No obstante, sí ha hecho públicos datos de ocupación y reproducción en el conjunto del proyecto territorial de la Plana de Vic, entre los que destaca que en la actualidad hay más de 1.600 hectáreas implicadas, con una presencia reproductora consolidada de más de 20 parejas de mochuelo europeo (Athene noctua) y decenas de parejas de lechuza, autillo y cárabo. Estos resultados no serían posibles sin decenas de puntos de nidificación artificial y una red amplia de colaboradores locales.
El proyecto, por lo tanto, demuestra que la conservación no siempre necesita grandes infraestructuras, sino voluntad, conocimiento y complicidad con el territorio. Una teja puede parecer poca cosa, pero colocada en el lugar adecuado puede marcar la diferencia entre el abandono y el regreso de una especie.
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